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El Marido que no supo perder romance Capítulo 108

En ese instante, Rogelio le agarró la muñeca con tanta fuerza que a Gretel le dolió.

—¡¿De qué te la das, mercancía usada?! Estás divorciada y tienes una carga a tus espaldas. ¡Una mujer de tu clase debería dar gracias al cielo por sentarse a comer conmigo! ¡¿Y te atreves a darme la espalda?!

Gretel giró el rostro, mirando fríamente la mano del hombre aferrada a su muñeca.

—Suéltame.

En lugar de soltarla, Rogelio dio un paso más cerca. Su aliento apestaba, y Gretel frunció el ceño con asco.

—Deja el teatrito. Si te vestiste así, es porque querías seducirme para asegurar tu lugar en mi familia cuanto antes. Acepto...

—¡Mami!

De pronto, una aguda y preocupada voz infantil resonó desde la entrada.

Era Vale.

Llevaba sus dos coletas y un abriguito rosa. Con los ojos llorosos, corrió hacia ellos agitando sus pequeños puños.

—¡Suelta a mi mami, hombre malo!

Rogelio se quedó confundido y giró la cabeza.

En ese preciso instante, una mano grande y firme surgió de la nada, le agarró la muñeca y se la retorció hacia atrás sin piedad.

—¡Ahhh! ¡Duele, duele! ¡Suéltame!

Por el dolor, Rogelio soltó a Gretel y terminó encorvado, a punto de golpear sus rodillas contra el borde de la mesa.

Era Rosendo.

Estaba parado junto a él, con el rostro convertido en hielo. Sometió a Rogelio con una sola mano y sin gran esfuerzo, pero el otro hombre era incapaz de liberarse.

—¡Maldita sea! ¡¿Tú quién te crees que...?!

Rosendo ni siquiera se dignó a mirarlo. Solo levantó un poco la barbilla, y dos guardias de seguridad que habían escuchado los gritos se acercaron a toda prisa, inmovilizando a Rogelio por ambos lados.

Una vez libre, Rosendo dio un paso atrás, sacó un pañuelo del bolsillo y se limpió la palma y el dorso de la mano con asombrosa tranquilidad.

Rogelio seguía pataleando y escupiendo insultos:

—¡¿Qué diablos te pasa?! ¡Soy de la familia Zapata! ¡Te advierto que...!

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