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El Marido que no supo perder romance Capítulo 110

Felipe Riva llevaba una camisa azul marino de estilo casual, con las mangas arremangadas un par de vueltas y un reloj Rolex en la muñeca.

Tenía poco más de treinta años y facciones atractivas, pero cuando sonreía, su mirada escondía un escrutinio profundo y desagradable.

Entró a la oficina sin prisa por hablar. Primero, repasó a Gretel de arriba a abajo con la mirada y luego se dejó caer despreocupadamente en el sofá.

Ese día, Gretel llevaba puesto un suéter de cuello alto color café con leche y el cabello peinado detrás de las orejas, resaltando su maquillaje sutil.

Un brillo evidente cruzó por los ojos de Felipe. Tardó un buen rato en apartar la vista antes de recostarse en el respaldo del sofá.

—Dra. Mendoza, he escuchado mucho sobre usted.

—Señor Riva —Gretel abrió la hoja de evaluación y le habló con tono estrictamente profesional—. ¿Cuánto tiempo lleva experimentando los síntomas de insomnio? ¿Hay algo más que le esté afectando?

—... Como medio año —respondió él, clavando sus ojos depredadores en el rostro sereno de Gretel—. Me paso las noches dando vueltas en la cama, con la cabeza llena de imágenes de todo tipo.

—¿Se ha realizado algún estudio del sueño?

—Sí, pero no encontraron nada físico —dijo, inclinándose hacia adelante, invadiendo el espacio de ella—. Dra. Mendoza, usted es muy hermosa y su voz es fascinante. Con todo respeto, ¿tiene novio?

El bolígrafo de Gretel se detuvo. Levantó la mirada hacia él.

—Señor Riva. ¿El insomnio que padece viene acompañado de ansiedad o palpitaciones?

Felipe apoyó la barbilla en su mano y esbozó una sonrisa descarada.

—Sí. Justo ahora, mi corazón está latiendo a toda velocidad y se siente algo extraño. ¿Por qué no lo toca para comprobarlo?

La mirada de Gretel se volvió gélida. Reprimiendo las inmensas ganas de echarlo a patadas, continuó con las preguntas de rigor.

Felipe cooperó a medias con un par de respuestas, pero luego comenzó a desviar la conversación hacia terrenos más turbios.

—Dra. Mendoza, aún no me ha contestado la pregunta de hace un momento. Dígame, si pudiera escuchar su voz todas las noches antes de dormir, ¿cree que se me curaría el insomnio?

Gretel dejó el bolígrafo sobre la mesa, con expresión severa.

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