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El Marido que no supo perder romance Capítulo 12

—También puede intentar escuchar música instrumental suave antes de dormir. Mantenga el volumen bajito, solo como fondo, para ayudarle a distraer la mente. Estas técnicas le facilitarán mucho la transición hacia el sueño.

Don Hipólito escuchaba con atención y los ojos llenos de diversión.

—Por eso confío tanto en ti. Cada vez que vienes le das soluciones útiles a este viejo, ¡no como el inútil de mi nieto, que solo sirve para sacarme canas verdes!

Apenas terminó de hablar, el mayordomo García se acercó con respeto.

—Señor, el señor Almenar acaba de llegar. Dice que viene a tratar unos asuntos de negocios con el joven Nerón.

—¿Ah, sí? ¿El muchacho de los Almenar? —Don Hipólito frunció el ceño y su tono se volvió severo—. ¿Y dónde está mi nieto? Cita a la gente aquí para hablar de negocios y ni siquiera ha llegado.

—Me acabo de comunicar con el joven Nerón, dice que viene en camino y está a punto de llegar.

Don Hipólito resopló, pero finalmente cedió.

—En fin, háganlo pasar.

Levantó la mirada hacia Gretel y un brillo de complicidad apareció en sus ojos.

Su nieto había elegido un momento excelente para llegar. Qué conveniente que la doctora estuviera ahí, así podría aprovechar para presentársela.

Gretel ya casi había concluido la sesión. Al ver que iba a recibir visitas, guardó de inmediato su grabadora, lista para darle un par de indicaciones finales y despedirse.

En ese preciso instante, García regresó y, justo detrás de él, no venía otro que Rosendo Almenar.

Rosendo era alto y de una presencia impecable. Llevaba un traje a la medida y sostenía un portafolios negro; Gretel casi nunca lo había visto en una faceta tan formal y laboral.

La mirada de Rosendo se posó brevemente en ella.

Era obvio, ¿cómo no se le había ocurrido? Cuando mencionaron al señor Almenar, tendría que haber sabido que se trataba de él.

—Don Hipólito, ya que el señor Zúñiga no se encuentra, mejor me retiro y no interrumpo más —dijo Rosendo con un tono distante.

—Ese nieto mío no tarda en llegar, mejor quédense a terminar de hablar de sus negocios —dijo Don Hipólito, dando un golpecito en el suelo con su bastón.

Gretel miró a Rosendo. Llevaba un traje oscuro sobre una impecable camisa blanca, y en su muñeca relucía un elegante reloj que acentuaba su porte distinguido.

Al notar que Gretel llevaba un rato mirando a Rosendo, Don Hipólito frunció un poco el ceño.

—Dra. Mendoza, ¿se conocen?

Capítulo 12 1

Capítulo 12 2

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