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El Marido que no supo perder romance Capítulo 121

—Gretel, hoy fui un poco dura al hablar, no te lo tomes a pecho —dijo, dándole unas palmaditas en el dorso de la mano a Gretel—. Eres mi hija biológica, ¿cómo no voy a preocuparme por ti? Ese Manto de las Cien Bendiciones que bordaste, de verdad me encantó.

El rostro de Gretel mostró una leve sonrisa, pero la alegría no llegó a sus ojos.

—Lo sé, mamá.

Al ver que su expresión era normal pero su tono revelaba distancia, Eulalia frunció el ceño y, fingiendo que no le importaba, le dio un par de recomendaciones más.

No fueron más que formalidades: que cuidara su salud, que atendiera bien a Vale y que la visitara cuando tuviera tiempo.

Gretel asintió a todo, sin notar que su interacción estaba siendo observada por una mirada oscura y pesada.

Catalina, con una copa de champán en la mano, estaba de pie en la esquina entre la sala y el balcón. Sus dedos se apretaron con fuerza alrededor del cristal.

Aunque no sabía de qué estaban hablando, la actitud de Eulalia, tomándole la mano a Gretel, la llenaba de furia.

¡Eulalia era su madre, y ahora le estaba hablando con tanto cariño a esa cualquiera de Gretel!

La mirada de Catalina se volvió sombría y su respiración se aceleró sin control.

Cuando Eulalia se alejó, apretó los puños, dio un rodeo hasta una esquina del jardín y le cortó el paso a Gretel, que caminaba para despejarse.

—Gretel.

Gretel se detuvo y levantó la mirada.

El rostro de Catalina aún mantenía esa sonrisa dulce que había mostrado en la mesa, pero sus ojos estaban oscuros y la sonrisa no llegaba a ellos.

—¿Acaso no soportas verme feliz? —le susurró cerca del oído, con voz aguda y llena de agitación.

Gretel frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

—¡No te hagas la idiota! —Catalina dio un paso adelante, amenazante y con el rostro ensombrecido—. ¡No soportas que papá y mamá me traten bien, no soportas que Rosendo sea bueno conmigo!

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