Entrar Via

El Marido que no supo perder romance Capítulo 122

Seguro no lo hizo a propósito.

Con solo pronunciar esas palabras, las miradas de todos los presentes se clavaron en Gretel.

Eulalia también levantó la vista, mirando a su hija biológica con el rostro lívido y lleno de furia.

Catalina escondió la cara en el pecho de su madre, sus hombros sacudiéndose mientras sollozaba:

—Mamá, no culpes a Gretel, fui... fui yo la que perdió el equilibrio...

En un rincón donde nadie podía verla, los ojos de Catalina destellaron con una frialdad triunfante, y las comisuras de sus labios se elevaron de forma casi imperceptible.

Gretel se quedó rígida en su lugar. La mirada de decepción y profundo odio de Eulalia, sumada a los juicios de los invitados, la ahogaban como una ola aplastante.

—¿Qué pasó? ¿La hermana mayor empujó a la menor al agua?

—No puede ser... ¿Cómo alguien puede ser tan cruel?

—¿Pues qué más va a ser? Envidia. ¿No le vieron la cara durante la cena? Seguro no soporta que la señora Mendoza trate tan bien a la señorita Catalina.

—¡Mami! —Vale llegó corriendo desde lejos y se aferró con fuerza a las piernas de Gretel.

La niña estaba pálida, y sus enormes ojos oscuros estaban llenos de lágrimas.

—¡Mi mami no la empujó! ¡No lo hizo!

»Buaa... t-todos ustedes son malos, son malos...

Con sus cuatro añitos, la niña estaba furiosa; su vocecita entrecortada defendía a su madre con desesperación.

Gretel respiró hondo y bajó la mirada. Acarició con suavidad la cabecita de la niña, protegiéndola para que no viera los rostros llenos de asco y desprecio que las rodeaban.

Luego, habló con absoluta calma:

—Mamá, yo no la empujé.

Pero, en ese momento, Eulalia estaba sorda a cualquier explicación.

Solo tenía ojos para Catalina, que temblaba en sus brazos. Cuando miró a Gretel, lo hizo con la más profunda decepción.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Marido que no supo perder