—En el fondo entiendo todo eso, mamá, pero el problema es... —Catalina hizo una pausa, fingiendo dudar—. Ayer vi a Gretel en un café con Samuel y, por lo que pude notar, parecían ser muy cercanos.
»Ya sabe que Gretel tiene muchos malentendidos conmigo. Lo que me aterra es pensar en lo que le haya podido decir a Samuel sobre mí...
—¿De verdad pasó eso? —El ceño de Eulalia se hundió profundamente—. Tranquila, Cata, yo me encargaré de hablar con Gretel. Los jóvenes que acaban de regresar del extranjero a veces no tienen filtros ni modales, eso se entiende. Yo misma le pediré a Rosendo que, como hermano mayor, le enseñe un poco de respeto.
»Y tú, por favor, no te pongas a pelear con un niño. Lo último que queremos es que esto afecte tu relación con Rosendo.
Catalina bajó la mirada y asintió, mientras sus dedos apretaban con furia la tela de su vestido.
¡Si no fuera por el miedo a que Rosendo se enojara con ella, jamás habría tolerado que un mocoso insolente la humillara de esa manera!
***
A la misma hora, Samuel había invitado a Gretel a verse.
Esta vez eligió una elegante y moderna cafetería de postres.
Samuel llevaba puesta una chaqueta de estilo motociclista negra sobre un suéter holgado con un gran logo de grafiti, luciendo tan moderno como juvenil.
Cuando Gretel llegó, él ya había asegurado una mesa junto a la ventana. Frente a él había dos bebidas: una caliente y una fría.
—¡Gretel, te ves increíble hoy! —La saludó Samuel, con los ojos brillando de admiración.
Gretel se rio de su entusiasmo y no pudo evitar mirarse la ropa.
Llevaba algo de lo más sencillo: una gabardina ligera color camello sobre una camiseta gris de cuello redondo, con el cabello suelto cayéndole por la espalda. Como mucho, daba una impresión cálida y accesible.
No era para tanto.
Se sentó frente a él y se inclinó ligeramente para oler la bebida caliente que le había pedido.
—¿Té de frutos rojos?
—Sí. Es mejor que las chicas no tomen tantas cosas frías, así que te pedí algo calentito.
Gretel curvó los labios en una sonrisa y no dijo nada.
Samuel tomó un sorbo de su bebida fría. Sus ojos vagaron por el lugar un momento antes de soltar la pregunta, tratando de sonar casual.

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