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El Marido que no supo perder romance Capítulo 148

Ambas trabajaron con una rapidez asombrosa, y en poco tiempo ya habían llenado una bandeja pequeña de empanadas caseras.

Sofía puso como excusa que iba al baño, pero en realidad se alejó para llamarle a Rosendo sin que Gretel la escuchara.

En ese instante, Zacarías le estaba resumiendo la agenda a Rosendo.

—Señor Almenar, tiene una videoconferencia internacional a las seis y veinte. La propuesta ya ha sido confirmada, por favor, revísela.

Rosendo tomó el expediente. Apenas había pasado un par de páginas cuando le sonó el teléfono.

Sofía: —Rosendo, hoy estamos preparando empanadas en la casa. Ven directo en cuanto salgas del trabajo.

—Lo dejamos para la próxima, madre. Tengo una reunión muy import...

—Gretel está aquí. Las empanadas las está haciendo ella misma. Más tarde llegará Vale.

La mano que sostenía el documento se congeló. Una sombra de intensidad cruzó por la mirada de Rosendo.

Zacarías, que seguía de pie frente al escritorio esperando la firma, notó que su jefe se quedó pasmado y, por puro instinto, miró su reloj.

—¿Señor Almenar?

Rosendo colgó, cerró la carpeta y, con el rostro inexpresivo, dio una nueva orden:

—Reprograma la videoconferencia de hoy para mañana en la mañana.

—¿Eh? ¿Mañana en la mañana? Para ellos será la madrugada...

—Solo hazlo.

Rosendo le devolvió la carpeta, se puso de pie, tomó su saco del respaldo de la silla y caminó hacia la puerta.

Zacarías cerró la boca y salió a rastras, sufriendo por tener que reorganizar todo de último minuto.

Al otro lado de la línea, Sofía, mirando la pantalla de su teléfono tras finalizar la llamada, no solo no estaba molesta, sino que una sonrisa triunfal se dibujó en sus labios.

***

Gretel estaba llevando una bandeja llena de empanadas a la cocina cuando escuchó ruido en la puerta de la entrada.

Levantó la mirada y vio a Rosendo, quien ya se había puesto sus pantuflas negras y estaba parado en el umbral del comedor.

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