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El Marido que no supo perder romance Capítulo 154

Gretel entró del brazo de Nerón Zúñiga. Él no perdió el tiempo; tras saludar a un par de empresarios importantes, la llevó directamente a presentarse con el director Chen.

Conversaron durante unos minutos sobre los detalles generales. El hombre quedó encantado y la invitó de inmediato a sus oficinas al día siguiente para concretar todo.

Con el negocio cerrado, el señor Chen se fue a atender a otros invitados. Nerón fue a buscar dos copas de champaña y le entregó una a Gretel.

—¿Ya puedes relajarte un poco? —Al ver que sus ojos brillaban con una sonrisa, Nerón sintió un leve palpitar—. ¿No quiere la señorita Mendoza concederme un baile para celebrar?

Gretel estaba a punto de responder cuando, por el rabillo del ojo, notó algo al otro lado del salón.

Rosendo Almenar estaba de pie en el centro de un grupo de personas. Tenía una mano en el bolsillo del pantalón y con la otra sostenía una copa de licor.

Llevaba un impecable traje negro de tres piezas hecho a la medida. Su corbata era de un azul marino profundísimo, y los gemelos de platino en sus puños destellaban bajo la luz de los candelabros.

Estaba rodeado de gente, seguramente hablando de negocios. Asentía de vez en cuando, con la misma expresión inescrutable de siempre.

Gretel frunció levemente el ceño, apartó la mirada y asintió.

—Vamos.

La banda comenzó a tocar un vals. Nerón hizo una caballerosa reverencia, tomó su mano y la guio hacia la pista.

Nerón era un caballero. Para adaptarse a ella, acortó intencionalmente sus pasos, logrando que ambos se vieran en perfecta sincronía.

Gretel se dejó llevar, girando un par de veces al ritmo de la música. Su cuerpo se fue relajando y la sonrisa en su rostro se volvió más genuina.

Justo al terminar el tercer giro, alguien se detuvo a su lado.

—Señor Zúñiga. ¿Me permite bailar esta pieza con la señorita Mendoza?

No era una pregunta.

Gretel levantó la vista. Era Rosendo, cuyo rostro no mostraba absolutamente ninguna emoción.

Nerón arqueó una ceja, soltó a Gretel, dio un paso atrás e hizo un gesto cediendo su lugar.

Rosendo se acercó con movimientos refinados. Con su mano izquierda, de dedos largos y elegantes, tomó la derecha de Gretel, mientras posaba su otra mano en la cintura de ella.

Su piel era clara; su palma estaba seca y algo fría. Su agarre era suave, y sus movimientos de baile estaban pensados para guiar.

Aquella sensación al tacto hizo que todo el cuerpo de Gretel se tensara, porque conocía esa situación a la perfección.

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