—En nuestro país la ley exige ser estrictamente monógamo —la interrumpió Rosendo antes de que Gretel pudiera hablar—. Además, yo jamás traicionaría a la mujer que amo.
El último rastro de sonrisa que quedaba en el rostro de Katya se hizo añicos.
Apretó los dientes; sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que aferraba las llaves del auto. Al final, logró esbozar una sonrisa forzada y dijo:
—Bueno, no les quito más tiempo. Hablamos otro día.
Se dio la vuelta y se subió a su auto. El motor rugió y la SUV blanca se alejó rápidamente sobre la nieve.
Gretel se separó de los brazos de Rosendo en un instante, dando dos pasos hacia un lado para marcar distancia.
Comenzó a caminar por delante de él con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, sin dejar que él viera su expresión.
Detrás de ella, Rosendo la observaba alejarse, notando lo frágil que se veía su figura.
Sin poder evitarlo, levantó la mano y se acarició con el pulgar la mejilla donde ella lo había "besado".
Ahí, no quedaba ni el más mínimo rastro de calor...
Retiró la mano y comenzó a seguirla.
***
Al llegar a la puerta del cuarto, mientras Gretel pasaba la tarjeta para abrir, escuchó la voz de Rosendo a sus espaldas.
—Mañana por la noche hay una reunión en la sucursal de la empresa —hizo una pausa—. Acompáñame.
Gretel estuvo a punto de decir que no.
Pero pensar en quedarse encerrada mirando el techo no la entusiasmaba. El pronóstico del clima anunciaba más nieve para el día siguiente, no podría ir a ningún lado, y el aeropuerto seguía sin fecha de apertura.
Apretó los labios y terminó por aceptar.
La reunión se llevó a cabo en un exclusivo club privado en el centro de la ciudad.
Dentro de la zona VIP, Henry, un hombre rubio de ojos azules, se levantó de inmediato al ver entrar a Rosendo y lo saludó en un perfecto español:
—¡Señor Almenar! Qué alegría tenerlo por aquí.
Él era el director de operaciones de la sucursal. Tenía poco más de treinta años y unos rasgos occidentales muy marcados: cejas espesas y mirada profunda. Cuando sonreía, mostraba unos dientes blanquísimos, luciendo relajado y lleno de energía.
Cuando su mirada cayó sobre Gretel, sus ojos brillaron de sorpresa.

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