Visto desde ese ángulo, se veía increíblemente guapo.
El corazón de Gretel dio un vuelco.
Frunció el ceño y apartó la mirada de inmediato.
***
Durante el trayecto de vuelta al hotel, a excepción del tiempo en el auto, Rosendo la cargó en brazos todo el camino. Sin importar cuánto se negara, él no cedió.
Al llegar a la puerta de su habitación, cuando notó que él quería quitarle la tarjeta electrónica para abrir, ella la ocultó entre sus manos a la defensiva.
—De verdad, ya puedo seguir sola. Se está haciendo tarde, bájame. Tú también deberías ir a descan...
—No me fío. Dame la llave o pediré que suba alguien del personal.
Gretel se quedó sin palabras. Sin más opción, le entregó la tarjeta. Dejó que él abriera la puerta y que la llevara cargando hasta el interior.
Una vez dentro, Rosendo la depositó con cuidado en el sofá. Antes de que ella pudiera decir algo, él se quitó el saco con gran elegancia y se arrodilló frente a ella.
Gretel abrió los ojos como platos, estupefacta.
—Rosendo...
—¿Aún te duele?
Sin pedir permiso, levantó el pie derecho de ella y lo apoyó sobre su propia rodilla, usando sus largos dedos para masajear suavemente el tobillo.
Las yemas de sus dedos, inusualmente cálidas, rozaron la parte interna de su tobillo con movimientos lentos y una presión muy ligera.
Era un tacto que generaba adicción.
—...Ya estoy bien.
Gretel bajó la vista, sintiendo cómo sus orejas comenzaban a arder.
Rosendo levantó la mirada para observar su reacción sin detener los movimientos de sus manos.
Estaban demasiado cerca.
Ella podía distinguir la curva exacta de sus pestañas y sentir el calor de su respiración.
Mientras tanto, la palma de él seguía apoyada en su tobillo y su pulgar pareció acariciar la piel de manera inconsciente.
«Debe ser mi imaginación», se dijo ella.
Pero poco después, Gretel lo notó.
La respiración de Rosendo comenzó a hacerse más pesada. Tragó saliva un par de veces, y al alzar los ojos para mirarla, en aquellas oscuras pupilas había un deseo profundo y reprimido.
Una urgencia intensa, algo que amenazaba con salirse de control...

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