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El Marido que no supo perder romance Capítulo 175

Los empleados de la sucursal, parados a ambos lados, la vieron entrar y gritaron al unísono:

—¡Srta. Mendoza, feliz cumpleaños!

Gretel sintió un nudo en la garganta, pero hizo un esfuerzo inmenso por contener las lágrimas.

En ese instante, Rosendo emergió de entre la multitud, impecable en su traje de diseño. Se detuvo frente a ella, se inclinó ligeramente y extendió la mano como todo un caballero.

Ella miró esos dedos largos y elegantes, y luego alzó la vista hacia su rostro.

La luz resaltaba sus facciones: la línea de sus cejas, su nariz recta y sus labios finos. Todo en él irradiaba una nobleza profunda.

Gretel sonrió con dulzura y posó su mano sobre la de él.

Solo por esta vez, se dejaría llevar...

La música comenzó a sonar; era un vals antiguo. La mano de Rosendo se apoyó con firmeza en la cintura de ella, guiándola en cada giro mientras la tela del vestido flotaba alrededor de sus piernas.

Él era un excelente bailarín, marcando los pasos con total precisión. Cuando la canción estaba por terminar, estrechó el brazo y la acercó aún más hacia él.

La distancia entre ambos se redujo tanto que podían sentir el aliento del otro.

Sus ojos se oscurecieron y bajó el rostro, rozando casi la nariz de ella.

El corazón de Gretel latía a tal velocidad que sentía que se le iba a salir del pecho; cerró los ojos por puro instinto.

Pero entonces, un recuerdo estalló en su mente sin previo aviso.

Vio a Catalina Mendoza llorando, arrodillada frente a ella, confesando que esperaba un hijo de Rosendo, suplicándole que lo dejara ir, que los dejara ser felices...

Gretel abrió los ojos de golpe y giró el rostro. Los labios de Rosendo apenas rozaron la comisura de su boca.

Él se quedó inmóvil, con la mano aún posada en la cintura de ella. Frunció el ceño, sin decir una palabra.

Gretel retrocedió medio paso y esbozó una sonrisa forzada.

—...Terminó el baile. Gracias, señor Almenar.

Dicho eso, se dio la vuelta y caminó hacia la mesa del pastel, con pasos firmes y la espalda completamente erguida.

Rosendo se quedó solo en la pista de baile. Observó su silueta alejarse mientras tragaba con dificultad. Lentamente, apretó los puños a sus costados hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

***

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