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El Marido que no supo perder romance Capítulo 187

—...Tienes fiebre, levántate y tómate la medicina —dijo ella, acercándole las pastillas a la boca.

Rosendo, aún medio dormido, abrió la boca y las tragó; luego, bebió dos sorbos de agua del vaso que ella le ofrecía.

Y justo cuando ella iba a retirar la mano, él la agarró por la muñeca.

—Me duele la cabeza.

Su ceño seguía apretado y su voz sonaba tan ronca que apenas se podía escuchar.

Gretel miró su muñeca apresada, pero no se zafó.

—Suéltame, te daré un masaje.

Él la soltó. Primero ella llamó a su asistente Héctor para decirle que se encargara de reprogramar a los pacientes del día, y luego se colocó detrás de él, apoyando los dedos en sus sienes.

Las suaves y delicadas yemas de sus dedos comenzaron a hacer movimientos circulares de forma lenta.

El ceño de Rosendo se relajó un poco, y su respiración se volvió más estable.

Después de un largo rato, al creer que se había vuelto a dormir, ella estaba a punto de retirar las manos, cuando él habló con voz ronca:

—Gretel Mendoza.

—...Sí, aquí estoy.

Él no dijo más.

Ella tampoco habló.

Media hora más tarde, una respiración profunda y constante provino del hombre en el sofá, y Gretel fue a la cocina.

Preparó un plato de sopa de fideos, le echó un huevo poché y, antes de servirlo, lo espolvoreó con cebollín.

Cuando llevó el plato a la mesa, Rosendo ya estaba despierto.

La manta estaba doblada cuidadosamente en una esquina del sofá; él estaba recostado allí, con el rostro aún algo pálido, pero con la mirada mucho más lúcida.

La observó colocar la sopa sobre la mesita, y su vista se detuvo por un segundo.

Sopa de fideos, un huevo poché y cebollín...

Igualito a aquel plato de hace tantos años.

En ese entonces todavía no estaban divorciados, y cuando él volvía de eventos de negocios, ella solía ir en silencio a la cocina.

A veces le preparaba una sopa de fideos, otras veces un vaso de agua con miel.

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