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El Marido que no supo perder romance Capítulo 189

Tres días después, en el Hotel El Faro.

Gretel terminó yendo por mera educación.

Llevaba un vestido largo de terciopelo negro, un collar delicado que adornaba su clavícula, el cabello suelto, y unos discretos aretes en forma de estrella. Todo en ella transmitía una belleza elegante y sofisticada.

El salón de eventos estaba decorado de manera impresionante; había lámparas de cristal, flores frescas, torres de champán, y los invitados vestían sumamente elegantes.

Gretel caminó en silencio hacia una esquina, y justo cuando tomó un poco de agua mineral, escuchó una voz a un lado.

—Dra. Mendoza.

Era Lucas Paredes.

Llevaba un traje muy formal, se acercó a paso rápido y traía unos anteojos de marco dorado, lo que le daba una apariencia refinada e intelectual. Sonreía con gran entusiasmo.

—Señor Paredes, bienvenido de vuelta.

Coincidía con la persona en su memoria, así que Gretel asintió con cortesía.

—¿Qué es eso de «señor Paredes»? Usted fue mi salvadora. —Lucas sonrió, aunque en sus ojos había algo que Gretel no supo interpretar—. Si no fuera por la orientación que me dio, creo que no habría podido superarlo. Hoy quiero hacer un brindis muy especial por usted.

Antes de que Gretel pudiera responder, el alboroto que se armó en la entrada atrajo su atención.

Rosendo y Catalina entraron juntos.

Él llevaba un traje negro de tres piezas hecho a medida; sus gemelos eran de platino muy discretos. Todo su porte irradiaba esa elegancia y superioridad propia de alguien con mucho poder.

Catalina iba tomada de su brazo, con un hermoso vestido blanco, su cabello largo con ligeras ondas y una dulce sonrisa en el rostro.

Las miradas de los cuatro se cruzaron en el ambiente por un instante.

Catalina fue la primera en soltar el brazo de Rosendo, se acercó dando pasos pequeños.

—¿Gretel? ¡Estás aquí! ¡Cuánto tiempo sin verte!

En su tono se percibía la dosis perfecta de sorpresa.

Al acercarse, intentó agarrar el brazo de Gretel, pero ella tomó su vaso de agua y se giró levemente, esquivándola con elegancia.

—Tanto tiempo sin verte.

La mano de Catalina quedó suspendida en el aire, pero la recogió con naturalidad sin borrar su sonrisa.

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