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El Marido que no supo perder romance Capítulo 190

Ya en pleno brindis, Lucas volvió a la carga.

—Hace unos días fui a un concierto. ¡Puf!, ni siquiera vale la pena criticarlo, estaban a años luz de la señora Almenar.

Dicho esto, volteó hacia Gretel, con tono casual.

—Doctora, ¿qué pasatiempos tiene? ¿Los psicólogos no son por lo general algo... aburridos?

Gretel no le contestó, solo deslizó su pulgar suavemente por el borde de la copa.

Catalina movió los ojos y con falsa modestia comentó:

—Lucas, no digas cosas sin sentido. Gretel es buenísima en lo que hace. Tiene muchísimos pacientes, tiene que cuidar la salud mental de muchos viejitos y abuelitas... Ay, ¿dije algo que no debía?

Era un comentario bastante... astuto.

La mesa entera soltó una carcajada; la mayoría se burlaba del poco estatus que tenía el trabajo de Gretel.

Lucas puso cara de entender la situación y añadió:

—Es cierto. A fin de cuentas, no cualquiera puede compaginar el trabajo y la familia al mismo tiempo. Es muy difícil encontrar a alguien como la señora Almenar, que tiene tanto talento y, además, es tan hogareña. Tienes mucha suerte, Rosendo.

Y tras decir esto, miró de reojo a Gretel con clara intención.

Lamentablemente, no logró ver en ella la reacción que esperaba.

La expresión de Gretel seguía siendo indiferente, aunque la presión de sus dedos sobre la copa aumentó ligeramente; era obvio que estaba fastidiada.

Esa era la tercera vez en la noche que él la atacaba con indirectas. Dos de ellas comparándola con Catalina, y en todas esas ocasiones, se había acercado a la línea sin terminar de cruzarla.

Pero los presentes no eran tontos, todos sabían a qué se refería.

¡Qué iban a creerle que era un comentario sin intención!

—Lucas —soltó Rosendo.

Fueron solo dos sílabas y su voz no fue particularmente alta, pero todos en la mesa enmudecieron al instante.

La sonrisa de Lucas se congeló.

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