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El Marido que no supo perder romance Capítulo 227

Pronto comenzaron a escucharse ruidos de agua corriendo y el sonido de cuchillos picando en la cocina.

Al escuchar el ajetreo, una mezcla de emociones confusas brilló en los ojos de Gretel.

Poco después, la cena estaba servida: la pasta con salsa de carne que la niña había pedido, un corte de carne y una ensalada de verduras frescas.

La presentación era impecable y el sabor, increíblemente exquisito.

Valentina se comió su platito de pasta, la mitad de la carne y soltó un pequeño eructo de satisfacción.

Después de cenar, Gretel recogió los platos mientras Rosendo jugaba con los bloques en la pequeña sala de estar, llenando el espacio con las risas de ambos.

Cuando ella terminó de lavar y regresó, vio que Valentina estaba recargada contra él, cabeceando, muerta de sueño.

—Yo la llevo.

—Lo hago yo, si te la paso se podría despertar —se ofreció él.

Rosendo la levantó con sumo cuidado, rodeándola con sus brazos y caminó hacia la habitación de la pequeña.

Gretel lo siguió, sintiéndose muy extraña al verlo depositar a la niña en la cama y arroparla con la cobija.

Él salió. Ella se quedó unos diez minutos junto a la cama y, cuando estuvo segura de que Valentina estaba profundamente dormida, abandonó la habitación.

Tenía toda la intención de echarlo de su casa, pero al salir, lo encontró tumbado en el sofá, justo como la vez pasada.

Tenía los ojos cerrados y el rostro relajado. Su respiración era profunda y acompasada. Se había quedado profundamente dormido.

...

Gretel frunció el ceño. No sabía si debía despertarlo o no.

Recordó que Zacarías le había mencionado que él sufría de un insomnio terrible últimamente...

«De acuerdo. Una noche más no hará daño».

Apartó la mirada, fue a buscar una cobija ligera al armario y lo cubrió.

***

Esta rutina se mantuvo por varios días.

Todos los días, Rosendo llegaba puntual a la puerta del colegio para recoger a Valentina. A veces pasaba a recoger a Gretel, y otras, cuando ella tenía que quedarse a trabajar, él llevaba a la niña al apartamento para cocinarles.

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