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El Marido que no supo perder romance Capítulo 226

Una vez que Gretel entró, él no se fue al asiento del copiloto. Dio la vuelta y subió por el otro lado.

Valentina quedó sentada en medio de los dos, sosteniendo la mano de su mamá mientras se aferraba a la manga de él.

—Tío Sendo, hoy fuiste muy incleíble.

—¿Ah, sí?

—El papá de Lio es muy malo, peló cuando te vio palecía un latón asustado. —Valentina ladeó la cabecita, con los ojos llenos de estrellas—. ¿Puedes venil por mí todos los días?

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Rosendo. Le pellizcó la regordeta mejilla y aceptó.

—Claro que sí.

Gretel, apoyada contra la ventana, no dijo nada. El comentario de "el tío Sendo fue increíble" la transportó muy lejos.

Recordó lo sucedido en el colegio.

La forma en la que el papá de Lio se humilló ante él; el modo en que esa mujer se tragó sus palabras; la expresión de dolor en el rostro de Rosendo al ver la marca de Valentina...

Durante los cuatro años que crio a su hija sola, nadie había dado la cara por ellas. Estaba acostumbrada a no depender de nadie.

Pero ese día, cuando él apareció, tuvo que admitir que sintió un profundo alivio.

Había que reconocerlo: era un verdadero padre.

Tras unos diez minutos de trayecto, Gretel notó que no iban por la ruta correcta.

—Este no es el camino al apartamento.

—Las llevaré a comprar unas cosas.

—¿A comprar qué?

La pequeña se adelantó, sonriendo:

—¡A complar dulces! ¡El tío Sendo me lo prometió!

Gretel lo observó. Él jugaba con la niña, sonriendo, con las facciones más relajadas que le había visto nunca.

Abrió la boca para protestar, pero al final guardó silencio.

***

En el tercer piso del centro comercial.

Valentina estaba sentada en un banco alto de una heladería Häagen-Dazs. Frente a ella tenía un enorme helado de fresa. Al meterse una cucharadita a la boca, sus ojos se convirtieron en medias lunas de felicidad.

Antes de que pudiera terminar, Rosendo tomó a la niña en brazos y caminó directo hacia la caja registradora.

...

Gretel apretó los labios y prefirió no insistir con el tema del dinero.

***

Cuando llegaron al apartamento, Rosendo llevaba a Valentina en un brazo y con el otro cargaba una enorme bolsa llena de ingredientes que él mismo había escogido para cocinarles lo que más les gustaba a ambas.

Gretel abrió la puerta y se quedó parada bloqueando la entrada, con los labios entreabiertos.

Antes de que ella pudiera decir «Gracias, ve con cuidado», Valentina habló primero.

—Tío Sendo, no te vayas. Plometiste que ibas a jugal conmigo.

... Gretel no tuvo más remedio que hacerse a un lado y dejarlo pasar.

«Como sea».

«Dejaré que se vaya cuando la niña se duerma».

Tras entrar, Rosendo le susurró algo a la niña para que dejara de aferrarse a él. Se quitó el saco del traje, se arremangó la camisa hasta los antebrazos, se quitó el reloj de la muñeca izquierda y se metió directo a la cocina.

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