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El Marido que no supo perder romance Capítulo 234

Hora pico. El tráfico era denso. Por inercia, pidió un transporte a través de su celular y esperó en la esquina.

Mientras esperaba, Gretel bajaba la mirada de vez en cuando para acomodar o disfrutar del aroma de las flores frescas.

En ese preciso instante, una furgoneta oscura salió a toda velocidad de una vía auxiliar. Sin hacer el más mínimo amago de frenar, se lanzó directo hacia donde ella esperaba el auto.

¡Bang!

El brutal impacto la catapultó por los aires, y su cabeza se estrelló de lleno contra el parabrisas del vehículo.

El cristal estalló. Las flores salieron volando, esparciendo los pétalos blancos sobre el pavimento manchado.

La visión de Gretel se volvió borrosa de inmediato. En sus oídos solo retumbaba el agudo chirrido del metal chocando y los gritos ahogados de los transeúntes.

Antes de perder el conocimiento por completo, solo tuvo tiempo para pensar en una cosa.

El platillo favorito que le había prometido a su pequeña, aún no se lo había preparado...

***

Rosendo recibió la llamada justo cuando su junta internacional estaba en el punto más crítico.

Era Manuel Jiménez.

—Señor Almenar, la señorita Mendoza tuvo un accidente automovilístico. En este momento ya ha sido trasladada de emergencia al Hospital General de la Metrópoli...

Su tono reflejaba una seriedad atípica.

Hace un tiempo, Rosendo le había ordenado contratar a alguien para vigilar discretamente a Gretel, pero al parecer se había olvidado del asunto. Por suerte, aquel investigador privado seguía en su puesto, y ahora resultaba vital.

El teléfono se le resbaló de las manos a Rosendo y cayó al suelo con un ruido sordo, seguido de inmediato por su pluma valorada en cientos de miles de pesos.

Sin siquiera recogerlos, se levantó de la silla y salió corriendo hacia la puerta.

De la Corporación Almenar al Hospital General tomaba cerca de veinte minutos. Conducía a una velocidad demencial, pasándose tres semáforos en rojo, y logró llegar en menos de diez minutos.

Las luces de la zona de emergencias estaban encendidas, y el pasillo entero apestaba a ese nauseabundo y aterrador olor a desinfectante.

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