Entrar Via

El Marido que no supo perder romance Capítulo 233

—...¡Sí, pero también prometiste que cuidarías de Catalina hasta que se recuperara! —Eulalia alzó la voz—. ¿Y cuál es el resultado?

—¿A la primera oportunidad te llevas a otra mujer a una reunión con tus amigos? ¿Cómo crees que se siente Catalina? ¡¿Qué van a pensar todos esos amigos suyos?!

Rosendo frunció el ceño ligeramente, dejó la pluma sobre el escritorio y se recostó en el respaldo de su silla ejecutiva.

—No he olvidado mi promesa, he cumplido con mi deber todo este tiempo. Sus gastos médicos, su manutención, la educación de Thiago, e incluso los honorarios del terapeuta más prestigioso que le conseguí. Jamás he fallado en un solo centavo.

Entrecerró los ojos, ocultando parte de sus emociones bajo sus tupidas pestañas.

—Pero yo tengo mi propia vida.

Eulalia se quedó sin palabras por un segundo.

Abrió la boca y le tomó bastante tiempo encontrar una manera de contraatacar.

—Tú... ¿Acaso fue Gretel quien te sedujo? Esa niña creció en la familia Soler, siempre ha sido muy calculadora, nunca he podido descifrarla. Tampoco es cercana a nosotros, ella simplemente es...

—¡Señora! —la interrumpió Rosendo, con un tono notablemente más severo, y la temperatura en la oficina pareció caer varios grados de golpe—. ¿Acaso Gretel no es su hija biológica?

Eulalia se quedó helada, como si la hubieran clavado al sofá.

Sus labios temblaron, y un atisbo de conflicto cruzó por su mirada, dejándola sin palabras por un momento.

Al verla así, él no dijo nada más, pero la frialdad y la distancia en su mirada lo decían todo.

Un momento después, Eulalia recuperó la compostura y apretó con fuerza la correa de su bolso.

—...Fui yo quien crio a Catalina, yo sé mejor que nadie qué tipo de carácter tiene. Ahora que está tan enferma, si yo no la protejo, ¿quién lo hará?

Se puso de pie, con la voz algo entrecortada.

—Rosendo, puedes no amar a Catalina, pero no puedes abandonarla en un momento como este. Ella de verdad no lo soportaría...

Dicho esto, se marchó sin mirar atrás, aunque su postura al salir denotaba vulnerabilidad.

En el instante en que se cerró la puerta, Rosendo bajó la mirada. Sus ojos eran inescrutables, pero su pulgar acariciaba instintivamente las cuentas de sándalo de su muñeca derecha.

***

Al mismo tiempo, en el Residencial Bahía Bruma.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Marido que no supo perder