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El Marido que no supo perder romance Capítulo 236

¡¿Por qué esa furgoneta no la mató en el acto?!

—Rosendo, no has dormido bien estos días, deberías ir a descansar un poco.

Catalina se adelantó con un tono de fingida lástima y luego miró hacia la cama.

—La verdad es que mi hermana siempre ha sido muy descuidada. Cruza la calle sin fijarse en los autos y termina así... Nos asustó a todos, y encima hace que te desgastes cuidándola.

Entre líneas, lo único que insinuaba era que Gretel se lo había buscado sola.

La mano de Rosendo se detuvo, frunció levemente el ceño y clavó una mirada glacial sobre el rostro de Catalina.

—Cállate.

El cansancio acumulado de los últimos días hizo que su voz, de por sí grave, sonara aún más ronca y amenazante.

La expresión de Catalina se congeló. Sus ojos se enrojecieron al instante y miró a Eulalia haciéndose la víctima.

Eulalia, que al principio fingía cierta preocupación por Gretel, ahora parecía molesta.

—Rosendo, Catalina vino con buenas intenciones a verla. Solo dijo un par de cosas fuera de lugar porque le duele verte así, ¿cómo te atreves a hablarle de esa manera?

—Además, Catalina no miente. Gretel fue la que se distrajo y tuvo el accidente. ¿Acaso eso también es culpa de ella?

Rosendo se puso de pie. Su imponente presencia llenó el lugar de una presión abrumadora.

Miró fríamente a ambas mujeres y soltó sin dudar:

—Aquí no son bienvenidas. ¡Largo!

Eulalia tembló de indignación.

—¡Tú! ¡Soy su madre biológica!

Rosendo la miró con absoluto desdén, un atisbo de burla fugaz cruzó por sus ojos.

Sin decir más, tomó su chaqueta del respaldo de la silla y salió de la habitación a paso firme.

En el pasillo, Zacarías Quiroga lo vio salir y de inmediato le entregó una carpeta con documentos.

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