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El Marido que no supo perder romance Capítulo 246

—Aprovecharse de los demás, no tener ni una gota de empatía... ¿esa es la ética profesional que tienes como psicóloga?

Gretel no alteró su expresión, pero un rastro de evidente fastidio apareció en sus ojos.

Sabía perfectamente que él estaba enamorado de Catalina, pero la venda que llevaba en los ojos era tan gruesa que llegaba a dar repulsión.

—Si el señor Paredes vino aquí a jugar al justiciero de los demás, ahí está la puerta. No lo acompaño.

Levantó la mano y le hizo una seña para indicarle la salida.

Pero Lucas no solo no se fue, sino que la miró con una sonrisa cínica, y el desprecio en sus ojos se hizo aún más profundo.

—¿Qué pasa? ¿Te dije la verdad y te ofendiste?

—Rosendo es el único que está ciego contigo. Cuando se dé cuenta de cómo eres en realid...

¡Clac!

La puerta de la habitación de huéspedes de la planta baja se abrió de golpe.

Samuel salió arrastrando sus pantuflas.

Había estado en su cuarto con los audífonos puestos practicando sus canciones, por lo que no se había percatado del ruido. Apenas se los quitó, alcanzó a escuchar unos «ladridos».

Llevaba puesta una camiseta holgada de marca; la cadena plateada de su cuello tintineaba con cada paso. En su rostro de ídolo juvenil había una mueca de absoluta burla, sin molestarse en disimularla.

—¿A quién se le soltó el perro para que viniera a ladrar a la casa de otro?

Samuel caminó a zancadas largas, jaló a Gretel para colocarla detrás de él y recorrió a Lucas de pies a cabeza con una mirada cargada de desdén.

Lucas frunció el ceño, escrutando a ese joven de vestimenta extravagante.

—¿Y tú quién te crees que eres? ¿Quién te dio permiso para hablar?

—Quién soy yo no es importante —bufó Samuel, mirándolo con puro asco—. Pero tú, se nota a leguas que eres un pobre perro faldero que ruega por atención.

—¿Qué pasa? Si a tu dueña le da otra crisis, ¿por qué no estás junto a su cama dándole la medicina en la boca? ¿Qué haces buscando protagonismo en mi casa? ¡A ella ni siquiera le importas!

—Hermana, a gente como esa tienes que tratarla así. ¡Mientras más callas, más abusan! —Samuel se dio la vuelta y toda la agresividad en su rostro se desvaneció, siendo reemplazada por su radiante y contagiosa sonrisa.

—Sí, lo tendré en cuenta.

—Por cierto, hermana, hace rato no escondí nuestra relación a propósito. Es solo que tuve miedo de que, si descubría quién soy, pudiera traerte problemas innecesarios.

Al ver a aquel muchacho que pensaba en todo mejor que ella misma, Gretel sonrió con profundo orgullo.

Samuel metió la mano al bolsillo y sacó un boleto con detalles dorados.

—Hermana, tendré mi primer concierto en unos días. Te aparté el mejor asiento en primera fila, en la zona VIP. ¡Tienes que ir!

Gretel tomó el boleto, admiró el diseño espectacular y sonrió levemente.

Era su primer concierto como solista desde que se habían reencontrado. Aunque no se lo hubiera pedido, ella habría asistido de todos modos.

—Ahí estaré.

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