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El Marido que no supo perder romance Capítulo 247

Tres días después, en el Estadio Metropolitano.

Al caer la noche, el recinto estaba a reventar de gente y las barras de luz que sostenía el público creaban un enorme océano azul.

Gretel llevaba una elegante blusa blanca estilo francés, combinada con unos pantalones negros de corte ancho. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta.

Se había puesto un maquillaje discreto que realzaba su aura serena y sofisticada.

Siguiendo el número de su boleto, encontró su lugar sola; era el asiento central de la primera fila. El lugar a su lado estaba vacío, pero no le dio mayor importancia.

Su mente estaba ocupada imaginando lo brillante que se vería su hermano bajo las luces del escenario.

La iluminación del estadio comenzó a atenuarse y una cuenta regresiva apareció en la pantalla gigante.

En ese momento, una figura alta y de presencia imponente caminó por el pasillo lateral y se sentó en el asiento vacío a su lado.

Gretel giró la cabeza por inercia, sintiendo curiosidad por el tipo de fans que atraía su hermano.

Pero al mirar, se topó con alguien que conocía demasiado bien: Rosendo.

Llevaba una camisa de diseñador gris claro, con los dos primeros botones desabrochados. Su piel pálida y las cuentas de sándalo en su muñeca derecha cambiaban de tonalidad bajo el juego de luces ambientales.

Él no hizo nada, simplemente se sentó allí, con la mirada al frente, pero exudaba un aura de poder y elegancia que desentonaba completamente con el frenesí del lugar.

Al notar su mirada, el hombre giró la cabeza.

Sus ojos se encontraron, pero en la mirada de él no hubo la más mínima sorpresa.

Gretel asimiló la situación, sintiendo que la respiración se le atoraba en el pecho.

No le preguntó qué hacía ahí. El boleto se lo había dado su hermano, así que, si él estaba presente, era porque Samuel lo había invitado. Además, por su actitud, era evidente que él sabía que ella estaría allí.

Rosendo no dijo una palabra; solo la observó en silencio, con una emoción indescifrable asomándose en sus profundos ojos oscuros.

¡Pum!

Un espectáculo de pirotecnia iluminó el escenario y la música estalló.

Samuel emergió desde una plataforma elevadora, vistiendo una chaqueta de lentejuelas que captaba todas las luces.

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