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El Marido que no supo perder romance Capítulo 252

El sonido del agua en el baño se detuvo.

Rosendo salió empujando la puerta, secándose el cabello corto con una toalla. Gotas de agua se deslizaban por la afilada línea de su mandíbula hasta desaparecer por el cuello de su pijama.

Las cuentas de sándalo en su muñeca derecha le daban a su pálida piel un aire aún más inalcanzable y prohibido.

Afuera, los truenos seguían resonando de forma sorda.

Gretel estaba envuelta en la manta, con los ojos cerrados.

Gracias a aquel abrazo impregnado con su aroma, su respiración se había tranquilizado bastante, aunque su rostro aún lucía un poco pálido.

Rosendo se acercó a la cama y la observó un instante. Sabía que no estaba dormida, pero no dijo nada. Simplemente levantó una esquina de la manta y se acostó a su lado con total naturalidad.

Sin movimientos bruscos, estiró su largo brazo y, por encima de las sábanas, la envolvió holgadamente, apoyando la barbilla sobre la cabeza de ella.

Como psicóloga, Gretel sabía perfectamente que esa era una postura de absoluta protección.

No cruzaba ninguna línea, pero revelaba una posesividad contenida al extremo que ella jamás había experimentado.

—Rosendo —llamó Gretel, con la voz ligeramente ronca.

—Duerme, aquí estoy —respondió él con voz grave y tranquilizadora al notar que el cuerpo de ella seguía tenso, estrechándola un poco más contra sí.

En medio de aquella rara tranquilidad, la pantalla del celular de Gretel, que descansaba sobre la mesa de noche, se encendió y se apagó varias veces hasta quedarse vibrando como loca.

Gretel frunció el ceño, se apartó de él un par de centímetros para liberarse de su abrazo y tomó el teléfono.

En la pantalla saltaron varias notificaciones alarmantes.

[¡ÚLTIMA HORA! #FueraGretelDeLaCiudad]

[¡La señora Almenar publica a medianoche, supuesta queja por una tercera en discordia!]

Frunció más el ceño y abrió la aplicación.

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