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El Marido que no supo perder romance Capítulo 3

El hombre se marchó y Gretel subió a su auto.

Sintiendo que sus brazos temblaban ligeramente y que le costaba respirar, encendió música suave en el estéreo, se recostó en el asiento y cerró los ojos para intentar calmarse.-

Eran las secuelas somáticas de su enfermedad psicológica.

Gretel no quería admitirlo, pero volver a ver a Rosendo y a Catalina había sido como abrir una represa. Todos esos recuerdos de haber sido rechazada y abandonada la inundaron de golpe.

Había crecido en el seno de la familia Soler.

A pesar de ser nuevos ricos, los Soler eran profundamente machistas y tradicionales. Desde niña, los adultos la despreciaban. Aunque tenían dinero de sobra para contratar empleados, la obligaban a hacer todas las labores de la casa, tratándola como un estorbo y una boca inútil que alimentar.

Cuando cumplió cinco años, nació su hermano menor, Francisco. Los Soler estallaron de alegría y lo mimaron hasta el exceso, mientras que con ella se volvieron aún más crueles.

Afortunadamente, Francisco siempre la protegió.

Cada vez que la maltrataban, él se paraba frente a ella con las manos en la cintura y gritaba para defenderla: «¡Mi hermana no es un estorbo! ¡Es la mejor hermana del mundo y algún día será inalcanzable para todos ustedes!».

En medio de aquellos años miserables y llenos de carencias, su hermanito se convirtió en su única luz.

Años más tarde, cuando ella tenía dieciocho, el negocio de los Soler estuvo al borde de la quiebra. Sus padres adoptivos la encerraron en el ático, cancelaron su matrícula escolar y le prohibieron presentar su examen de admisión a la universidad. Querían obligarla a casarse con un empresario de mediana edad para saldar sus deudas. Por más que suplicó, no mostraron la más mínima piedad.

El día del examen, sumida en la desesperación, pensó en quitarse la vida. Pero su hermano apareció cubierto de polvo, rompió la cerradura y la ayudó a escapar.

Ella logró presentar la prueba y obtuvo el primer lugar a nivel nacional. Sin embargo, Francisco, que se había quedado haciendo guardia afuera para detener a sus padres adoptivos, corrió hacia la caseta de policía para pedir ayuda y fue embestido por un camión de carga. Quedó en estado vegetativo.

En el hospital, sus padres adoptivos la culparon de todo, golpeándola e insultándola frente a todos.

Incluso intentaron desconectar a Francisco, argumentando que no había esperanza de que despertara.

Ella no lo permitió. Se arrodilló y suplicó en público, llegando incluso a amenazarlos hasta lograr salvar la vida de su hermano.

El día que se publicaron los resultados del examen, su primer lugar nacional le trajo un inmenso prestigio a los Soler. Su padre adoptivo organizó una celebración masiva y quiso inscribirla en la facultad de negocios para seguir lucrando a su costa. Ella no tenía fuerzas para pelear, pero al ordenar la mochila de su hermano, encontró un diario.

Fue entonces cuando descubrió que aquel joven que siempre parecía tan alegre, llevaba años sufriendo de depresión severa. Había soportado en soledad el ambiente tóxico y la presión de su familia, dando todo de sí mismo con un único propósito: ayudarla a escapar de aquel infierno.

Capítulo 3 1

Capítulo 3 2

Capítulo 3 3

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