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El Marido que no supo perder romance Capítulo 71

—No te preocupes, ellos conocen tu situación.

El tono de él era frío y no detuvo su paso.

En la sala, los padres de Rosendo ya llevaban un buen rato esperando.

Sofía Almenar rondaba los cincuenta años, pero se cuidaba tan bien que apenas aparentaba poco más de cuarenta.

Llevaba una blusa de seda verde oscuro y pendientes de perlas; su cabello estaba recogido en un peinado impecable. Lucía elegante y majestuosa.

Al verlos entrar, la mirada de Sofía recorrió a Catalina de pies a cabeza y asintió con leve frialdad.

—La cena ya está lista. Pasen y siéntense.

Una vez que empezaron a cenar, el ambiente estaba lejos de ser cálido. Además, Catalina no paraba de mostrarse cohibida y exageradamente prudente, con esa actitud de víctima constante que tanto desagradaba a Sofía.

Sofía soltó los cubiertos; de repente, había perdido el apetito.

—Ya llevan un tiempo desde que regresaron. Me imagino que ya se han reunido con Gretel, ¿verdad?

La mano de Catalina se detuvo a medio camino del plato y una rápida chispa de envidia le cruzó la mirada.

«¿Por qué esa maldita lleva cinco años fuera de la familia y esta vieja odiosa sigue pensando en ella?».

Sofía actuó como si no notara la incomodidad de ambos y continuó hablando a su aire.

—Antes, cuando Gretel vivía aquí, por muy ocupada que estuviera, siempre me preparaba sopa especial con sus propias manos. Sabía que en los días de lluvia me dolían las rodillas, así que encargaba pomadas del extranjero solo para mí. Y ni hablar de tu padre...

Catalina palideció. El tenedor se le resbaló de las manos y cayó sobre la mesa con un ruido metálico.

Agachó la cabeza, nerviosa; sus pestañas temblaban como si estuviera a punto de llorar.

—Lo siento, yo... yo sé que no lo hago tan bien como mi hermana, pero de verdad me esfuerzo por ser una buena esposa para Rosendo, yo...

Sofía frunció el ceño.

—En la mesa no se discute —Rosendo dejó sus cubiertos, con el ceño ligeramente fruncido y voz grave—. Mamá, por favor, vamos a cenar.

Sofía miró los ojos enrojecidos de Catalina y luego fulminó a Rosendo con la mirada, frustrada por su falta de tacto.

Aunque estaba enojada, no dijo nada más. Tomó un poco de sopa para calmarse.

El comedor quedó sumido en el silencio.

Cuando Catalina volvió a tomar los cubiertos, las manos aún le temblaban... de pura rabia.

Capítulo 71 1

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