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El Marido que no supo perder romance Capítulo 76

—Zacarías.

—Dígame, señor Almenar.

—Lleva a Thiago a Residencial Bahía Bruma —la voz de Rosendo sonó serena, pero su mirada no se apartó de la pequeña y solitaria figura.

Zacarías parpadeó, siguió la mirada de su jefe y de inmediato asintió.

—Entendido, señor.

Thiago quiso hacer un berrinche, pero al cruzarse con la mirada severa de Rosendo, trepó dócilmente a los brazos de Zacarías.

Rosendo suavizó su expresión, metió una mano en su bolsillo y caminó directo hacia el banco.

Al escuchar sus pasos, los inmensos ojos llorosos de Valentina se volvieron hacia él. Al darse cuenta de quién era, el brillo en sus pupilas menguó un poco, pero lo saludó con obediencia.

—Tío Sendo.

—¿Dónde está tu mami? —Rosendo se agachó para ponerse a su altura.

—Mami toabía ta tabajando. Dijo ke venía pol Vale máh tarde.

Valentina balanceó sus piernitas y abrazó con más fuerza a la muñeca.

Rosendo bajó la vista hacia su reloj de pulsera; sus ojos se tornaron gentiles.

—Vamos, el tío le avisará a tu maestra y a tu mami, y te llevaré a casa.

***

Pasadas las ocho de la noche, Gretel se apresuró a volver al apartamento, ignorando el cansancio acumulado.

Al empujar la puerta, ni siquiera se molestó en quitarse los zapatos. Iba a llamar a su hija, pero se quedó congelada de golpe.

Sentado con las piernas cruzadas sobre la alfombra de la sala estaba Rosendo, vestido con su camisa a la medida. Tenía las mangas arremangadas hasta los codos, dejando al descubierto sus fuertes antebrazos y sus características cuentas de sándalo.

Sostenía una pieza de Lego en la mano, con la cabeza gacha, concentrado en ensamblarla.

Valentina estaba recostada junto a sus piernas, soltando risitas sin parar, ¡y hasta se atrevía a darle órdenes!

—Tío es tonto, esa pieza va akí.

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