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El Marido que no supo perder romance Capítulo 97

Era Rosendo Almenar, que salía a toda prisa llevando a Thiago en brazos.

No volteó a los lados, y su silueta desapareció rápidamente entre la multitud.

—Mami, eya el tío Sendo... ¿Po qué no nos vio?

Valentina hizo un pucherito y se pegó más a la pierna de Gretel. Su vocecita sonaba cargada de desilusión.

Gretel apartó la mirada de la calle, bajó la vista y le dio un golpecito suave en la nariz a su hija.

—Está lloviendo muy fuerte, mi amor. Llevaba a Thiago cargado y seguro también iba cuidando a la tía Catalina. Es normal que no nos haya visto.

—Oh. —Valentina bajó la mirada y pateó un charquito con su bota—. El tío Sendo sí es un buen papi, pero no es el papi de Vale.

Gretel se quedó de una pieza. Las palabras de la niña la tomaron por sorpresa y no supo qué responder. Hubo un tiempo en el que, en los sueños de Gretel, existía esa postal perfecta de ellos tres como una familia feliz; una ilusión que la realidad se encargó de hacer pedazos. Ahora, al escuchar a su hija, sintió como si alguien le hubiera dado un tirón en el corazón.

***

Diez minutos después, Nerón Zúñiga apareció corriendo bajo la lluvia con un enorme paraguas.

—¡Gretel, Vale! Perdón por la demora. ¡Vámonos!

—Tío Nedón, ¿po qué cholo hay un palaguas? —preguntó Valentina.

Nerón parpadeó, disimulando su intención.

—No me imaginé que se soltaría esta tormenta, no traigo otro en la cajuela. Pero no pasa nada, yo cargo a Vale y tú nos cubres. El coche está aquí a la vuelta.

Sin darle tiempo a Gretel de objetar, le puso el paraguas en la mano, levantó a la pequeña y salió corriendo hacia la cortina de agua.

Gretel, sorprendida, apresuró el paso y los siguió muy de cerca tratando de no mojarse.

Nerón acomodó a Valentina con muchísimo cuidado en el asiento trasero. Luego, se hizo a un lado, tomó el paraguas y le abrió la puerta a Gretel para que subiera.

Una vez que ambas estuvieron adentro, cerró el paraguas y se metió al asiento del conductor.

Al cerrar las puertas, el sonido del aguacero quedó amortiguado.

—¿Qué se le antoja comer hoy a Vale? El tío las invita.

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