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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 187

—Te va a encantar esto, Chase —dijo Cale entre risas antes de colgar. Momentos después, envió la foto. Al menos ahora sabía algo con certeza: Vanessa Blake no escaparía de la demanda de Althea.

—Estás acabada, Vanessa —murmuró Cale una vez que confirmó que la imagen le había llegado a su hermano.

Al otro lado de la ciudad, lejos de las relucientes torres de Solaviz, el ambiente era distinto. En un cuarto estrecho y mal iluminado, un único foco amarillo colgaba bajo, proyectando un resplandor enfermizo entre la bruma del humo rancio de cigarrillo. El aire era denso, sofocante.

Cale estaba recostado, despreocupado, en una silla de metal, mientras un joven sentado frente a él permanecía con los hombros hundidos y la mirada clavada en el suelo, derrotado.

James Sullivan.

—Sabes por qué estás aquí, ¿verdad? —Cale sonaba tranquilo, demasiado tranquilo, pero el frío que desprendía calaba hasta los huesos.

James asintió débilmente, pálido.

—Yo... por favor, déjame ir. Ya...

—Cállate. —Cale se inclinó hacia delante con la mirada afilada e implacable—. ¿De verdad creíste que nadie sabía todo lo que hiciste con Vanessa? ¿Eres idiota? —dijo con desprecio—. ¿Pensaste que su esposo se iba a quedar cruzado de brazos? Aunque lo dudo, él se da cuenta de quién estuvo limpiándole la mugre a Vanessa cada vez que se ensuciaba a espaldas de Daven.

James tragó con dificultad y apretó los puños sobre las rodillas.

—Yo... ya se lo dije, señor Cale. Lo hice porque amo a Vanessa.

Una risa suave y burlona se escapó de los labios de Cale.

—¿Amor? Interesante. ¿Es amor o es obsesión, Sullivan? Canjeaste tu dignidad por esa mujer.

James guardó silencio y dejó caer la cabeza todavía más.

—No puedo evitar preguntarme —dijo Cale arrastrando las palabras mientras ladeaba la cabeza— si Vanessa siente lo mismo por ti.

—Claro que sí —dijo James—. Ella también me ama. Ya no ama a Daven. Él siempre está ocupado con el trabajo, nunca le presta atención a Va...

Cale aplaudió con exageración, la risa burlona.

—Bravo. En serio, eres un hombre rebosante de confianza.

—¡Pero es la verdad! —respondió James con la voz quebrada.

Cale se acarició el mentón con los ojos fijos en el hombre frente a él, sin disimular el desprecio.

—Si eso es cierto, entonces ¿por qué no estás con Vanessa en este momento?

La pregunta hizo que James gruñera. Le sostuvo la mirada a Cale, desafiante y furioso.

—No me mires así, Sullivan. —Cale acercó la silla, y endureció la voz hasta volverla un filo—. Tienes una hermanita, ¿no? Una chica dulce, estudiando en el extranjero. ¿Sabes lo fácil que sería para mí hacer que su nombre sea el titular de rumores mañana? Una sola mención viral y la prensa le destrozará la vida: novios, escándalos en el campus, fotos viejas. Los medios la van a devorar... a menos que yo diga que no.

—¿Y si me niego?

Cale se acercó y le susurró con una sonrisa que le erizó la piel.

—Si te niegas, mañana a primera hora la cara de tu hermana estará en cada portal de noticias. La decisión es tuya.

James tembló y luego asintió. No tenía otra opción. El apellido Miller bastaba para aterrorizar a cualquiera; enfrentarse más a este hombre sería un suicidio.

—Está bien. Lo haré. Lo que quiera.

Cale se puso de pie y se acomodó el saco con calma.

—Bien. Recuerda esto, Sullivan. Solo eres un peón en este juego. Y yo soy el que sostiene el tablero.

James bajó la cabeza, luchando contra la tormenta que llevaba dentro. Ahora lo sabía bien: su amor por Vanessa estaba siendo retorcido, convertido en arma para destruirlo y atarlo a ella al mismo tiempo. Pero aun así, no podía abandonarla.

—Ahora, el siguiente paso... —El tono de Cale tenía la contundencia de una orden—. Si Vanessa te llama, dile que volverás, pero solo después de que se divorcie oficialmente de Daven.

—Pero, señor —protestó James con la voz quebrada—. Así no puede funcionar. Sé que ella no está bien en este momento.

—¿Vanessa... o tu hermana? —respondió Cale con frialdad mientras se ponía de pie—. La decisión es tuya, Sullivan.

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