Capítulo 189
-No puedo quedarme aquí sentada. ¿Cuánto más se supone que aguante?
El ruidoso timbre del teléfono cortó el aire. Se lanzó a tomarlo con el pulso acelerado de esperanza desesperada: James. Tenía que ser James.
Pero se le cayó el alma cuando vio el nombre en la pantalla. Krystal.
Torció los labios con fastidio, pero contestó de todos modos.
-¿Sí?
-Vanessa, soy Krystal. -La voz de su manager llegó tensa, agotada.
-Ya sé. ¿Crees que no tengo tu número guardado? -Vanessa se recargó contra la cabecera con tono cortante-. ¿Qué quieres?
Un suspiro cansado crujió a través de la línea.
Krystal, su manager en la Agencia Khiel, la encargada de todos sus contratos con marcas y alianzas comerciales, sonaba derrotada.
-Necesitamos vernos hoy, Vanessa. Hay demasiado que discutir.
-¿Qué? No. No puedo salir de la casa.
-¿Crees que todavía tienes opción? -El resoplido de Krystal fue pesado, despectivo-. Todos los contratos activos vinculados a ti están siendo impugnados. Las marcas internacionales se retiraron. Algunos patrocinadores amenazan con demandar por daños y perjuicios. Si no das la cara y empiezas a hacerte responsable, estamos todos acabados.
Vanessa apretó la mandíbula.
-¿No debería encargarse James de esto? ¡Es mi representante!
-¿James? Por favor. -Krystal se rio con amargura -. No contestó ninguna llamada. Nadie pudo contactarlo. No cuentes con él. Lo único que te queda eres tú misma. Así que prepárate.
La línea se cortó antes de que Vanessa pudiera responder.
Se quedó mirando el teléfono sin poder creerlo, y el desprecio de Krystal se le clavó hondo. Nunca, ni una sola vez, Krystal le había hablado asi.
-Maldita seas, Krystal. ¿Cómo te atreves a hablarme asi? -Escupió Vanessa con la voz temblándole de rabia.
Estaba sola. Devastadoramente sola.
Un golpe en la puerta le crispó los nervios ya de por sí frágiles. ¿Y ahora quién?
-Señorita Vanessa, İlegaron unos documentos de un despacho de abogados. ¿Se los recibo? -llamó una empleada desde afuera.
Vanessa apretó la cobija con fuerza.
-¡No! No me traigan nada. ¡Váyanse!
Los pasos se alejaron. El silencio volvió a caer, pesado y sofocante, pero apenas lo notó. No podía seguir así, tirada, destrozada. Tenía que moverse.
Se arrancó las sábanas de encima, se arrastró fuera de la cama y se sentó frente al tocador. El reflejo le devolvió la mirada: piel pálida, ojos hinchados, una cara que parecía de otra persona.
-No puedo perder. Soy Vanessa Blake. Yo... tengo que resurgir.
Pero las palabras le temblaron en la garganta y tembló, como si ni su cuerpo creyera en la convicción a la que intentaba aferrarse.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...