Capítulo 292
-No esperaba que se fueran tan pronto -dijo Kate con suavidad, la expresión nostálgica mientras sus ojos se demoraban en Althea y luego se desviaban hacia Josh, que conversaba con Daven no muy lejos.
-Por favor, ven a visitar Aethelis seguido, Althea -añadió, con la voz teñida de una esperanza callada, como si temiera que su pedido se olvidara apenas se separaran.
-Haré lo posible, señora Kate. -Althea le apretó las manos con delicadeza, el gesto cálido y reconfortante-. Por favor, cuídese mucho.
-No tienes que preocuparte por mí, Althea - suspiró Kate-. Tú eres la que debería cuidarse mejor. -Después, casi como si quisiera cambiar de tema, preguntó-: ¿La señora Miller ya se fue?
-Sí. Ella y el señor Daniel volaron ayer por la tarde. Me pidieron que le ofreciera disculpas por no despedirse en persona.
Kate dejó escapar una risita.
-Está bien. Sé que están ocupados. Solo espero
que podamos vernos otra vez algún día. Sabes, a él le encantan mis pasteles.
Eso hizo reír a Althea en voz baja. Se volteó hacia Felicia y Karina.
-Cuiden bien a la señora Kate, ¿de acuerdo? Y mucha suerte con su negocio. Me encantó escuchar todo lo que han estado haciendo.
La sonrisa de Felicia se ensanchó.
-¿Te parecería bien si... te llamáramos de vez en cuando?
-Por supuesto -respondió Althea sin titubear-.
Nunca me molestaría saber de ustedes.
-Ay, gracias, Althea. Eres demasiado buenamurmuró Karina, acercándose para envolverla en un abrazo cálido-. No creo que pueda disculparme lo suficiente por todo. Gracias... por darnos una oportunidad.
Althea le devolvió el abrazo, con una sonrisa suave y compasiva.
Mientras tanto, no muy lejos, Daven se agachó para mirar a Josh a los ojos. Le costaba dominar sus emociones, a flor de piel. No era que estuviera
in 727 contento por lo que le había pasado a Josh.
¿Cómo podría estarlo cualquier padre? Aunque pocas personas conocieran toda la historia, Daven y los que sí la sabían jamás permitirían que el culpable saliera impune.
El aeropuerto de Aethelis aquella mañana vibraba con el rumor agridulce de las despedidas. El olor del café recién hecho se mezclaba con el eco de los anuncios de vuelos sobre sus cabezas y hacía que el tiempo se les escapara entre los dedos.
Althea esperaba cerca de la puerta de embarque junto a Chase, mientras Josh permanecía pegado a Daven, el hombre que no podía apartar los ojos de él.
-Asi que... ¿este es de verdad tu último día acá, eh? -Daven habló en voz baja, casi en un susurro destinado solo al niño que tenía enfrente.
Josh asintió, los ojos brillantes y un poco humedecidos.
-Sí. Pero te prometo que te voy a escribir mensajes todo el tiempo, señor Guapo.
A Daven se le escapó una risa suave mientras se inclinaba un poco más, sonriendo apenas.
-¿Todavía me dices así?
Josh sonrió de oreja a oreja.
-¡Porque te queda! Tu nombre debería ser "señor Guapo Daven", pero mami dijo que era muy largo.
Daven rio en voz baja, aunque el sonido le tembló en los bordes.
-Está bien. Como decidas Ilamarme, lo voy a aceptar. -Miró al niño con una ternura que casi lo quebraba. Si tan solo pudiera decirle lo que tenía en la punta de la lengua.
"Llámame papá, Josh. Ya le dices papi a Chase.
-Sí. Te lo prometo: nos vamos aver otra vez.
No muy lejos, Kate se secó los ojos. Había visto muchas despedidas en su vida, pero ninguna tan silenciosa, ni tan desgarradora, como esta. Un vinculo no dicho y, aun así, tan sincero.
Chase estaba al lado de Althea, observando a los dos con una mirada serena. Entendía que entre ellos había algo, algo más profundo de lo que las palabras podían capturar, pero prefirió no inmiscuirse y dejó que el momento se cerrara en paz.
Al volver a Josh, el tono de Daven se hizo más pesado, áspero por la emoción.
-Si alguna vez te aburres en Solaviz, puedes mandarme un mensaje. O... si algún día tengo negocios por allá, ¿estaría bien si paso por tu casa?
A Josh se le iluminaron los ojos en el acto.
-¡Claro que sí! Te enseño el parque que está
cerca de mi casa. ¡Y mami puede hornear su súper rico pastel de chocolate!
Kate rio bajito.
-En ese caso, yo también voу.
Josh giró hacia ella con entusiasmo.
-¡Sí! ¡La abuelita Kate también tiene que venir!
¡Así podemos jugar todos juntos!
La mirada de Daven volvió a posarse en Althea, larga, demorada, buscando algo bajo aquella sonrisa débil. Pero ella solo bajó un poco la cabeza, con esa sonrisa temblando al borde de la tristeza.
Kate se acercó un paso más, la voz suave pero cargada de significado.
-¿Estaría bien, Althea? ¿Si algún día fuéramos a visitarte a Solaviz?

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...