Eli se secó la cara de prisa antes de responder.
—Adelante.
Gia entró con un termo de agua caliente. En cuanto vio la cara de Eli, supo que la niña había vuelto a llorar. Aun así, no pareció sorprenderse.
—¿Cómo se siente? —preguntó con dulzura. Dejó el termo sobre la mesa y añadió en voz baja—: No pasa nada por llorar, señorita.
Eli agachó la cabeza enseguida.
—No estaba...
Gia sonrió apenas.
—No tiene por qué avergonzarse. Yo también lloro cuando estoy triste.
Eli no respondió. Se quedó mirando el tazón de sopa frente a ella.
—Le traje té caliente —dijo Gia al cabo de un momento—. ¿Quiere probarlo?
Eli dudó unos segundos y por fin asintió. Gia sirvió el té de limón en una taza de porcelana, despacio, para que Eli pudiera tomarlo con calma.
—Aquí tiene —dijo Gia.
—Gracias, Gia. —Eli miró la taza. Desprendía un aroma suave y de la superficie subían hilos de vapor; Gia acababa de prepararlo.
Gia se quedó un momento de pie junto a la mesa antes de volver a hablar.
—No sé qué está atravesando, señorita —dijo con cautela—, pero parece... algo muy difícil.
Eli giró despacio la taza entre las manos; aún tenía la cabeza hecha un lío. Gia continuó con calma.
—La gente de esta casa es muy buena. Llevo casi cuatro años trabajando aquí y en todo ese tiempo me han tratado bien. Que yo sepa, nunca han tratado mal a nadie.
Eli permaneció en silencio.
—Por eso —siguió Gia—, jamás se me ha ocurrido hacer nada malo en esta casa. No me atrevería.
Las palabras eran sencillas, pero Eli entendió el mensaje sin lugar a dudas. Gia sonrió con dulzura.
—La señora Althea está muy preocupada por usted, señorita. Nos pidió que estuviéramos pendientes de usted. Si le da fiebre o se despierta asustada, tenemos que avisarle enseguida.
Eli bajó la mirada otra vez.
Sintió una calidez desconocida. Miró la taza que tenía en las manos y bebió un sorbo despacio. El dulzor se mezcló con el ligero toque cítrico del limón y la reconfortó más de lo que esperaba.
Quizá fue por la sopa que Althea le había preparado. O por la nota, que ya se sabía de memoria. O por el consuelo callado de Gia.
Pero algo empezó a cambiar en ella. Poco a poco, fue tomando una decisión. No tenía adónde ir. La única persona en la que confiaba le había mentido durante años.
Eli asintió, tranquila y segura.
—Puedes dejarme sola, Gia.
Gia asintió con respeto.
—Está bien, entonces.
—Ah, pero... —titubeó Eli—. ¿La señora Althea y el señor Daven cenarán aquí esta noche?
—Creo que no. Van a regresar tarde. Tienen unos asuntos urgentes que atender.
Eli se desanimó un poco. Pero como ya había tomado la decisión, se lo diría a Althea a la mañana siguiente.
Esa noche hablaría primero con Riana y Nathan.
—En ese caso, les diré que cenará con ellos —concluyó Gia antes de salir de la habitación.
—Dios... espero no estar tomando la decisión equivocada —murmuró Eli cuando la puerta se cerró y volvió a quedarse sola.
Se levantó enseguida y fue a asearse antes de ir al comedor. Inspiró hondo y soltó el aire despacio.
—Debería darme por afortunada de que no me hayan echado —susurró para sí misma—. Gia tiene razón... me han tratado de maravilla.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...