Capítulo 369
-Mamá -llamó Josh mientras bajaba las escaleras casi corriendo, con un cuaderno de dibujo gigante bajo un brazo y una caja de crayones bajo el otro-.
¿Qué vas a hacer de cenar?
Se acercó por detrás mientras ella todavía sazonaba el pollo y le dio un beso rápido en la mejilla, como si con eso bastara para que le contestara.
-Tu favorito, pollo rostizado -respondió ella con una sonrisa.
-¡Qué bien! Haz también jugo de naranja, por favor.
Althea asintió enseguida.
-¡Hazme a mí también, mamá! -gritó Grace desde la mesa del comedor, donde llevaba un rato esperando con impaciencia.
-Sí, cariño. También te haré a ti.
-La tía Lydia hizo budín de frutas. ¿Quién quiere?
-Lydia levantó un recipiente frío que acababa de sacar del refrigerador.
-¡Yo! ¡Yo! -Grace alzó la mano de un salto,
brincando casi en su lugar.
-No te estarás olvidando de mí, ¿verdad, tía Lydia?
-Josh se acercó, con los ojos brillándole al ver el budín-. Te juro que me comería todo, todo.
Sin querer quedarse atrás, Grace corrió a pararse junto a Joshı, solo para asegurarse de que Lydia supiera que ella también merecía budín.
La casa se sentía inusualmente animada esa noche.
El aroma del pollo al romero y del puré de paра cremoso llenaba la cocina, mientras la luz cálida y amarilla de las lámparas colgantes lo envolvía todo en una quietud reconfortante. Después de seguirles el juego un momento a sus hijos, Althea volvió a preparar la cena.
Cerca de ahí, Grace ordenaba los crayones con Josh, que se veía orgullosísimo mientras mostraba el castillo que había coloreado, recortado contra un océano oscuro y un cielo de medianoche. Grace llevaba varios minutos lloriqueando, rogándole que le enseñara.
-Hice esto para mi tarea de arte, Grace. Quiero sacar una calificación perfecta con el señor Paulo.
-Josh levantó la página con una sonrisa de oreja a oreja-.¿Quieres que te enseñe?
-Claro que sí. -Grace infló las mejillas-. Pero me has estado ignorando desde hace rato.
Josh rio y le revolvió el cabello con cariño.
-No te estaba ignorando, estaba asegurándome de que mi tarea quedara bien. Y de todos modos me has estado ayudando.
-¿Yo?
Josh asintió.
-Esta vez voy a hacer uno para ti. Tú coloreas un lado y yo el otro. ¿Trato?
-¡Sí! ¡Quiero eso!
Althea sonrió con ternura mientras escuchaba el parloteo de sus hijos. Nada en su vida le daba más consuelo que la risa de Josh y de Grace. Aunque a veces discutían por la diferencia de edad, Josh solía admitir que ver a su hermanita enojarse con él era su forma de demostrar cariño.
-Cuesta creer que Josh ya esté tan grande, ¿no?
El comentario de Lydia hizo que Althea volteara hacia ella. Su amiga estaba exprimiendo naranjas para el jugo que iban a compartir más tarde.
-Sí... Nunca imaginé que llegaría a quedarme tanto tiempo a su lado.
-Vamos a seguir aquí para ellos, Althea. Tal vez...
¿hasta que algún día se casen?
Althea soltó una risita.
-¿Tal vez incluso hasta que tengan hijos propios?
Lydia se echó a reír.
-Tienes razón. Así podré presumir de mis nietos con mi personal en las Bahamas.


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