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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 372

Capítulo 372

Hubo una época en que Althea jamás habría imaginado a Daven tan amable, tan tierno. Años atrás, él la había dejado sola con recuerdos dolorosos. Pero ahora, despacio, con firmeza, los iba borrando uno a uno, reemplazándolos con calidez y un amor tan constante que casi la desbordaba. No pudo evitar sentirse agradecida por haberle dado la oportunidad de cambiar.

-Sea lo que sea que Cale haya sugerido... por favor, síguelo. Quiero que algunos profesionales los cuiden a todos.

-Vamos, cariño. —Daven chasqueó la lengua con suavidad-. No será necesario.

-Daven -murmuró Althea, con voz baja pero firme-. ¿Qué tiene de malo ser precavido?

Al ver sus ojos suplicantes, no pudo negarse. Daven suspiró antes de asentir.

-Está bien.

Una sonrisa asomó a sus labios cuando ella apoyó la cabeza en el hombro de él.

-Los niños y yo te esperaremos con paciencia hasta que vuelvas a casa.

-Más te vale esperarme -murmuró él, besándola en un costado de la cabeza-. Llámame tan seguido como puedas.

-¿Y si estás ocupado allá?

-¿A la hora del almuerzo? Nunca estoy demasiado ocupado al mediodía, cariño.

Althea sonrió con ternura.

-Bien, será a la hora del almuerzo. -Se movió para tomar su reloj y se lo extendió para que se pusiera el que ella había elegido.

-Me siento fatal por no poder despedirme de Josh y Grace -admitió Daven en voz baja.

-Yo les diré que su padre está muy ocupado - respondió Althea, poniéndose de pie y abriendo los brazos para invitarlo a entrar en ellos.

¿Daven se negaría? Por supuesto que no. Se hundió en su abrazo y dejó descansar parte de su peso contra el hombro de ella. Pegarse a su esposa siempre lo calmaba.

-Si pudiera llevarte conmigo, te arrastraría para

que me hicieras compañía.

-¿Y serías capaz de concentrarte entonces? - bromeó ella.

-No digas cosas así, Althea. Haces que me cueste todavía más irme. -Sus brazos se tensaron alrededor de ella, reacios y cálidos.

-Vamos, oso grande. Creo que ya es hora de que te vayas.

Daven rio.

-Está bien.

-Te acompaño hasta la puerta -dijo Althea.

Bajaron las escaleras juntos, mientras Althea revisaba de tanto en tanto si él había olvidado algo, le recordaba sus vitaminas y se ocupaba de pequeños detalles hasta que llegaron a la sala.

Daven se volvió a mirar a Althea una última vez antes de que la puerta se cerrara del todo.

En el instante en que el cerrojo se cerró, fue como si el mundo perdiera la gravedad. Althea se quedó inmóvil unos segundos, mirando la puerta que acababa de tragarse el último resto de calidez que aún quedaba en la casa.

Y cuando el sonido del motor del auto se perdió en la distancia, el silencio cayó con todo su peso.

Incluso con Cale y Lydia ahí en la sala, listos para quedarse con ella, el silencio se sentía demasiado pesado.

-No tienes por qué preocuparte tanto, Althea - dijo Cale, intentando calmarla-. A Daven no le va a pasar nada malo. Necesitamos confiar en cómo maneja las cosas.

Althea fijó la mirada en Cale.

-Él no es de los hombres que actúan a la ligera.

-Lo sé -respondió ella-. Pero, Cale... ¿no me vas a decir lo que está pasando en realidad?

Cale y Lydia intercambiaron una mirada. Eso bastó para que Althea soltara un largo suspiro de cansancio.

-No me digas que tú también tienes alguna idea de lo que está pasando, Lydia.

-N-no, no es eso, yo solo... apenas es una sospecha.

Althea cruzó los brazos.

-Aunque sea solo una sospecha, igual significa que sabes algo que yo no. —Su mirada se clavó en su amiga-. Así que díganme: ¿qué es exactamente lo que me están ocultando?

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