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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 754

—Ah, claro.

—Adelante, señorita Devereux.

Naomi se escabulló antes de que volvieran a detenerla.

En cuanto se alejó del gentío del salón principal, soltó un suspiro de alivio.

—Dios mío —murmuró con una mano en la frente—. ¿Por qué de pronto a todos les dio por buscarme pareja?

Apretó el paso por el corredor lateral, mucho más silencioso que el salón principal.

—¿Y qué se suponía que significaba lo de hace rato? ¿Eso de que el señor Miller debería estar conmigo? —Naomi chasqueó la lengua con fastidio—. ¡Sí, cómo no! El señor Miller debe estar al lado de la señora Lydia. En serio, esos viejos no tienen filtro para hablar —refunfuñó.

El corredor parecía no tener fin ante ella, flanqueado por paredes negras y brillantes y tenues luces doradas que proyectaban reflejos suaves sobre el piso. Las voces del salón principal se apagaban a medida que Naomi se alejaba.

Sin embargo, por alguna razón, el silencio se intensificaba a medida que avanzaba.

—Eh... ¿dónde está el baño?

Miró alrededor en busca del letrero que indicara dónde estaba el baño. Antes de doblar la esquina, había visto claramente una señal que apuntaba a la derecha. Pero...

—¿Por qué es tan largo este pasillo?

Naomi aminoró el paso.

Frunció el ceño.

Hacía un momento había visto a varios guardias apostados cerca del corredor.

Ya no había nadie.

Solo ella.

Naomi miró hacia atrás despacio.

Tal como sospechaba.

Nadie.

Un escalofrío le recorrió la nuca.

—Qué raro —murmuró.

Retomó la marcha, esta vez más despacio.

De pronto...

Clic.

Todas las luces se apagaron a la vez.

La oscuridad la envolvió en un instante y la dejó ciega. No quedaba el menor rastro de luz.

Maldición... Había dejado el bolso en la mesa.

Naomi se quedó inmóvil.

El corazón le dio un vuelco antes de empezar a golpearle el pecho con tanta fuerza que le retumbaba en los oídos. El corredor quedó a oscuras en cuestión de segundos. Sin luz. Sin sombras.

No podía ver ni su mano. Los primeros segundos le parecieron eternos. Naomi oía cómo se le agitaba la respiración. Entonces, el caos estalló en el salón principal.

—¿Qué pasó?

—¡Se fue la luz!

—¡Seguridad!

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