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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 830

—No estés tan nerviosa —advirtió Chris.

Naomi volteó a mirarlo.

—No estoy nerviosa.

—¿Entonces por qué estás tan callada desde que subimos al auto?

Naomi chasqueó la lengua con fastidio. Compartir el auto con Chris fue la peor idea. Desde que ese hombre llegó a la casa de Cale, el estado de ánimo de Naomi era un caos. Chris se burlaba de ella con frecuencia, le jugaba bromas y, de vez en cuando, la hacía levantar la voz en medio de sus discusiones interminables.

—Solo no tengo ganas de hablar.

Chris se limitó a asentir, como si aceptara la respuesta. Sin embargo, por la expresión de sus ojos, era evidente que no le creía.

—Hablo en serio. —Chris sacó un caramelo de fruta del bolsillo y se lo ofreció—. No tienes por qué estar tan nerviosa.

En el fondo, Chris era considerado. Pero por alguna razón, cada vez que trataba con Naomi, se volvía insoportable. Aun así, Naomi no rechazó el caramelo.

—Antes de eventos como este, el señor Miller organizó uno en uno de los grandes salones de la familia Devereux.

—Tu familia —respondió Chris con tono seco.

—No lo sé. Sé que es el apellido de mi familia, pero... nunca imaginé que hubiera tanto detrás de ese nombre.

—No importa. Pero Cale también forma parte de la familia Devereux, ¿no? Aun así, pudo haberse alejado de todo sin importarle lo que pasara. Si no lo hubieras conocido, ¿alguna vez pensaste cuánto tiempo más habría seguido haciéndose cargo?

La pregunta de Chris dejó confundida a Naomi.

—No tienes por qué sentirlo como una carga. Él es de los que les gusta llevar el peso sobre sus hombros —comentó Chris.

Sin darse cuenta, Naomi se rozó el tatuaje del brazo. Esta vez no tenía intención de ocultarlo.

Esa noche llevaba un vestido azul oscuro que no era llamativo, pero esa misma sencillez lo hacía elegante. El diseño era sobrio, con un escote abierto que dejaba al descubierto sus hombros y clavículas con gracia, sin resultar excesivo.

La parte superior del vestido se ceñía a la perfección a su figura y luego caía con naturalidad sobre sus curvas antes de abrirse hasta rozar el suelo. En la cintura llevaba un gran moño, el único detalle llamativo del vestido.

Llevaba el cabello negro largo y suelto, en suaves ondas sobre los hombros. Sin exceso de joyas y con un maquillaje ligero que realzaba su belleza natural, Naomi se veía distinta esa noche.

No como la heredera de una familia prominente que busca llamar la atención de todos.

Lydia había elegido el vestido para ella unas horas antes, junto con un conjunto de joyas adornadas con pequeños diamantes que parecían sencillas pero deslumbrantes, y que daban la impresión de que quien las llevaba tenía un gusto impecable para la moda.

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