—Carajo —murmuró Cale mientras se limpiaba la sangre del labio partido.
Recorrió con la mirada, uno por uno, a los hombres tendidos e indefensos en el suelo. Algunos ya estaban inconscientes, cubiertos de moretones y heridas, y con varios huesos rotos por los golpes de Cale.
A pesar de la paliza, se mantuvieron obstinadamente leales. Ninguno quiso revelar quién los envió a secuestrar a Naomi.
Pero Cale ya lo sabía. Esos hombres trabajaban para don Falcon. Y no iba a dejarlo pasar.
Aunque antes de eso...
—Naomi.
Cale habló con un tono mucho más áspero que de costumbre porque reprimía una furia mucho más peligrosa.
En cuanto Cale sometió al último intruso, atrajo a Naomi hacia él. El pasillo angosto todavía resonaba con los pasos de los guardias que se acercaban a toda prisa, pero Cale solo prestaba atención a la chica frente a él.
—¿Dónde te hirieron?
Naomi no tuvo tiempo ni de responder cuando las manos de Cale ya le revisaban los hombros, los brazos y la cara con movimientos apresurados. Sus movimientos eran bruscos y torpes, como si le aterrara encontrar más sangre en el cuerpo de Naomi.
—E-estoy bien —dijo Naomi con voz entrecortada—. Señor Miller, su brazo está herido.
Cale la ignoró.
Volvió a recorrerla con la mirada.
Tenía la muñeca enrojecida por la fuerza con que la habían sujetado. Tenía la piel de las palmas raspada en carne viva y el cabello algo despeinado. Pero, aparte de esas lesiones, no tenía heridas graves.
Después de confirmarlo, Cale respiró con más calma. Y entonces Naomi comenzó a llorar. Las lágrimas le corrieron por las mejillas.
Toda la tensión que venía conteniendo desde que se apagaron las luces, sumada al terror y a la brutal pelea, se le vino encima. Y cuanto más miraba la sangre que goteaba del brazo de Cale, más se angustiaba.
—Tenemos que ir al hospital —insistió Naomi mientras le tomaba el brazo herido con manos temblorosas—. Es una herida profunda.
—No es nada.
—¡Sigue sangrando!
—¡Dije que no es nada!
Cale alzó la voz con brusquedad. Naomi enmudeció, atónita. De pronto, el ambiente en el pasillo se volvió mucho más frío. Cale sacó el celular del bolsillo, sombrío y furioso.
—Estoy en el pasillo trasero. Vengan por nosotros y limpien este maldito desastre —ordenó con dureza por teléfono.
Naomi quiso volver a hablar, pero se contuvo. Temía enfurecerlo todavía más. Una y otra vez trató de contener los sollozos, pero lo que acababa de pasar la había sacudido por completo.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...