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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 852

—Bienvenidos a casa, señora Lydia, señor Miller —los saludaron los sirvientes en cuanto entraron a la sala. La mayoría se había quedado esperando a que los dueños regresaran.

Aunque Lydia les había pedido en repetidas ocasiones que no lo hicieran, ellos siempre respondían lo mismo:

—Tenemos que asegurarnos de que usted y el señor Miller lleguen a casa sanos y salvos.

Lydia sonrió y asintió en respuesta a los saludos. Ya no protestaba cuando alguno de ellos se adelantaba para tomar sus pertenencias, ya fuera su bolso de mano o el abrigo de viaje que llevaba puesto. Igual que Cale.

—¿Quieren cenar? ¿O tal vez un bocadillo antes de dormir? —preguntó Sofia, una de las sirvientas asignadas al área de la cocina.

—Solo prepara café, té y galletas. Ya cenamos —dijo Lydia.

—Sí, señora Lydia.

Lydia se quedó observando a Chris, que ya había empezado a subir las escaleras cargando a Naomi sin ninguna dificultad.

—No tienes de qué preocuparte —dijo Cale al acercarse y rodearle la cintura con un brazo—. No hay forma de que Chris le falle a Naomi.

Lydia puso los ojos en blanco con fastidio, pero no se apartó de él. Al contrario, se apoyó un poco en el hombro de su esposo sin importarle que varios sirvientes siguieran cerca. Al comprender la situación, estos se apartaron en silencio y los dejaron a solas con sus muestras de cariño.

—Lo sé —respondió Lydia en voz baja—. No te molesta tomar el café en la habitación, ¿verdad? Esta noche me resulta un poco pesado quedarme en la sala.

—¿Cómo podría molestarme pasar la noche contigo? —Cale se rio.

Lydia suspiró e intentó apartar la mano de su esposo de su cintura. Antes de irse, echó un último vistazo para asegurarse de que Chris hubiera llegado a salvo al segundo piso.

Satisfecha, se dirigió hacia su habitación en el ala derecha de la casa. Mientras tanto, Cale siguió a su esposa con una sonrisa contenida.

No tardaron en llegar a la habitación; los sirvientes ya habían preparado todo lo que Lydia había pedido. Cale acababa de quitarse la corbata cuando ella se acercó, intentando reprimir una sonrisa. En sus ojos brillaba una chispa pícara que su esposo notó enseguida.

—¿Qué pasa? —preguntó Cale al notar su mirada llena de intención.

Lydia negó con la cabeza, pero su sonrisa no se borró.

—Solo estaba pensando en algo.

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