Trent apenas entendía cómo aún lograba moverse. La sangre le bajaba por la sien y le empapaba el cuello de la camisa. Tenía el hombro izquierdo casi entumecido después de recibir varios golpes con una barra de hierro. Hasta respirar le resultaba una lucha, y cada vez que llenaba los pulmones sentía una presión insoportable.
Sin embargo, todo aquel dolor parecía insignificante comparado con la aterradora escena que acababa de presenciar. Los dos autos negros habían desaparecido calle abajo con Lydia y Naomi, rumbo a un destino desconocido.
Varios transeúntes intentaban pedir ayuda, pero todo parecía inútil. También se veían desconcertados, sin saber cómo auxiliar a una persona en una situación tan peligrosa.
—Señor. —Trent apenas podía oírse a sí mismo. Se obligó a ponerse de pie pese a que le temblaban las rodillas. Con la mano ensangrentada, buscó a tientas en el bolsillo del saco roto y sacó el celular, cuya pantalla se había agrietado por el impacto.
No logró desbloquear la pantalla después de varios intentos porque el sensor de huellas no reconocía sus dedos ensangrentados.
—Maldición —murmuró Trent entre dientes mientras se limpiaba la mano en el traje hasta que logró desbloquear la pantalla.
Solo marcó un número.
El de Cale.
Al mismo tiempo, en el piso cuarenta y tres de la sede del Grupo TnC reinaban la formalidad y el profesionalismo, en marcado contraste con la escena de la calle. Varios inversionistas de Northwell, sentados en fila frente a una pantalla grande, asistían a una importante presentación y revisaban la propuesta más reciente de alianza comercial.
Vincent estaba de pie junto a la pantalla y explicaba con claridad las cifras de ganancias proyectadas, mientras Cale dirigía la reunión con la calma que siempre lo caracterizaba.
—Si la distribución se redirige por el puerto este, los costos operativos se reducirán casi en un doce por ciento —explicó Vincent, lo que le valió un gesto de aprobación de uno de los inversionistas.
—Es una cifra muy atractiva —respondió el inversionista.
Cale estaba a punto de continuar con la presentación cuando el celular sobre la mesa vibró y mostró el nombre de Trent. La llamada despertó su curiosidad, pues Trent casi nunca llamaba durante su turno de guardia, y menos aún cuando acompañaba a Lydia.
Un mal presentimiento le aceleró el pulso.
—Disculpen —dijo en voz baja al contestar la llamada.
Antes de que Cale pudiera pronunciar palabra, escuchó la voz ronca y entrecortada de Trent al otro lado de la línea, como si pronunciar cada palabra le causara un dolor insoportable.
—La señora...
En cuanto lo escuchó, Cale se puso de pie de golpe, y en la sala de juntas se hizo el silencio.
—Trent —lo llamó Cale con tono cortante—. Habla con claridad. ¿Qué pasó?
No hubo respuesta inmediata, solo el sonido de una respiración agitada y entrecortada.
—La señora Lydia... La señorita Naomi... Se las llevaron...
Cale se quedó helado.
Al otro lado de la línea se escuchó el aullido de unas sirenas antes de que la llamada se cortara de golpe.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
De verdad me molesta que tengo que pagar por 5 capítulos diariamente más...
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...