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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 86

Chase se quedó en silencio, dándole espacio para que ella continuara.

—Solo estuvimos casados un año. Yo no era más que un estorbo en su vida perfecta. Él ya tenía una novia, alguien distinta a mí. No podía compararme con ella en ningún sentido. No me quedaba nadie más en el mundo y lo único que siempre quise... era tener a alguien por quien vivir.

Se rio de sí misma.

—Suena patético, ¿no?

Chase siguió sin decir nada. La mirada de Althea era desgarradoramente indiferente. Si él hubiera tenido un poco más de valor, le habría tomado la mano o incluso la habría abrazado, pero algo le decía que no era el momento.

—Como puedes ver, Dios fue inesperadamente amable conmigo —continuó ella—. Me dio a Josh cuando se concretó nuestro divorcio. Y creo que puedes adivinar qué pasó con mi historia a partir de ese momento.

Respiró hondo.

—Criar a un niño sola no fue fácil, pero te lo juro: era feliz. Josh se convirtió en todo mi mundo. Y aquí, en este lugar... sentí que recuperé mi vida.

Althea se volvió hacia él con la incertidumbre reflejada en sus ojos.

—Y ahora, el pasado ha vuelto. No ha pasado nada todavía, pero... no puedo quitarme este miedo, Chase. Me aterra que se lleve a Josh —su voz se quebró con un sollozo suave—. Tengo miedo.

—Althea —dijo Chase con suavidad—, ¿puedo preguntarte algo? —hizo una pausa y luego añadió con cuidado—: ¿Todavía lo amas?

Parpadeó sorprendida por la pregunta.

—¿Tú? ¿Preguntándome... si todavía amo a ese hombre? —se burló, riendo a medias con incredulidad— ¿Y si te dijera que todavía lo amo...?

—Como ya te he dicho, no me importa tu pasado. No me importa si alguien más sigue habitando en tu corazón; solo quiero estar a tu lado. Al menos quiero que me mires y reconozcas que estoy aquí. Confío en que tu amor por mí crecerá, poco a poco.

Althea le dedicó una sonrisa.

Las manos de Chase se cerraron en puños sin que se diera cuenta.

—Ya no me queda nada de amor por ese hombre —continuó Althea.

Su voz era suave, pero la convicción detrás de sus palabras era inconfundible. Chase la miró, tratando de captar incluso el más mínimo rastro de una mentira, pero sus ojos lo decían todo.

—Todo lo que me queda es el trauma. El miedo por todo lo que pasé mientras estuve con él, y el temor de que pueda volver a ocurrir —continuó—. Durante nuestro matrimonio, Daven nunca me vio. Ni un poco. Me trató como a una intrusa y, como probablemente te imagines, nunca me defendió ante sus padres.

Una risa amarga escapó de sus labios.

—Para todos los demás, nuestro matrimonio probablemente se veía bien. Pero tras puertas cerradas, solo éramos dos extraños viviendo bajo el mismo techo.

“Maldita sea”. Escuchar todo lo que ella había pasado hizo que le doliera a Chase. ¿Cómo podía un hombre tratar a Althea de esa manera? ¿Cómo pudo haber pensado alguna vez que ella era una carga?

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