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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 784

Aunque Valentina estaba muy preocupada por Mateo y deseaba quedarse a su lado para acompañarlo, tenía que irse.

Su presencia solo causaría más dolor a Mateo.

Valentina dio media vuelta para marcharse.

—¡Valentina, no te vayas!

Mateo apartó las sábanas y bajó de la cama, abrazando a Valentina por la espalda.

Enterró su rostro en el cabello largo de Valentina, con voz ronca dijo:

—Valentina, no te vayas, por favor, no me dejes.

Valentina sabía que Mateo estaba sufriendo. Ella también sufría.

—Mateo, suéltame. Si esto continúa, el dolor te matará.

Mateo no la soltó. Al contrario, la estrechó con más fuerza contra su pecho.

—Entonces que el dolor me mate. ¡Valentina, no me dejes!

Pero al segundo siguiente, un dolor agudo lo invadió. Los ojos de Mateo se oscurecieron y su alto y fuerte cuerpo se desplomó nuevamente.

Valentina lo atrapó.

—¡Mateo!

...

Cuando Mateo volvió a despertar ya era de noche. Héctor y Nadia vigilaban a su lado.

—Mateo, ¿has despertado?

Héctor y Nadia, con ojos llenos de preocupación, rápidamente ayudaron a Mateo a incorporarse.

Mateo miró a su alrededor, pero no vio a Valentina.

—Tío Héctor, tía Nadia, ¿dónde está Valentina? ¿Adónde ha ido?

—Valentina, ella... —comenzó Héctor.

—¿Valentina se va a llevar a Sofía y dejarme? ¡No puedo permitirlo! ¡Tengo que encontrarla!

Mateo apartó las sábanas y se bajó de la cama.

Nadia lo detuvo rápidamente.

Al momento siguiente, se escucharon golpes en la puerta y la voz profunda y ronca de Mateo:

—¿Valentina? Valentina, ¿estás ahí?

El corazón de Valentina dio un vuelco. Rápidamente se levantó y fue hasta la puerta, poniendo su pequeña mano en el picaporte, a punto de abrirla.

Pero al recordar el hechizo dentro de él, se detuvo.

Ahora, ella era como un veneno de acción lenta para él.

No podía abrir la puerta.

Valentina retiró la mano.

—Mateo, estoy aquí.

Ahora, uno estaba de pie afuera de la puerta y la otra dentro. Hablaban a través de la barrera de madera.

Al escuchar la voz de Valentina, el corazón agitado de Mateo finalmente se calmó. Esbozó una sonrisa.

—Valentina, cuando no te vi pensé que te habías ido. Creí que te habías llevado a nuestra hija y me habías abandonado.

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