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El Señor Herrera y su Pequeña Prisionera romance Capítulo 7

Al principio, pensó que estaba borracho y que la había confundido con alguien más.

Desesperada, lo empujó, gritó su nombre y le suplicó que la dejara ir.

Pero él la miró desde arriba y le habló con una lucidez cruel:

—Belén, cuando decidiste traerme ese té para la resaca, ¿de verdad creíste que esto no pasaría?

Ella lloraba desconsoladamente y trató de justificarse con todas sus fuerzas:

—No era mi intención, por favor, suélteme.

Aarón no la soltó.

Afuera, la lluvia caía con fuerza, pero en la habitación el único sonido era su respiración entrecortada.

Al despertar a la mañana siguiente, Aarón estaba sentado al borde de la cama, perfectamente vestido.

Tenía una expresión totalmente serena, como si lo que había ocurrido anoche no hubiera sido un accidente.

Fue en ese instante que Belén empezó a sentir un terror genuino.

No tenía nada que ver con si ella iba o no a Santo Malecón a hacer sus prácticas.

No tenía nada que ver con si le llevaba o no ese té.

Desde el preciso día en que Aarón llevó a Sofía de regreso a la familia, estaba escrito que algo así sucedería.

Él lo había planeado desde el principio. Jamás le importó si ella estaba de acuerdo o no.

—Belén, habla.

La voz de Aarón en el despacho la trajo de vuelta a la realidad.

Salió de su trance bruscamente y se dio cuenta de que tenía los puños tan apretados que sus uñas casi se le enterraban en las palmas.

Sobre la mesa seguía aquella oferta de trabajo.

Había subido a internet algunos de sus diseños y, por casualidad, el Estudio Brisa Marina, una marca independiente de joyería en Costa Niebla, los vio y se los compró. Al compartir la misma visión artística, comenzaron a hablar y la invitaron a trabajar con ellos al graduarse.

Costa Niebla no era una ciudad muy grande, y ese estudio ni siquiera podía compararse con el Corporativo Cruz, mucho menos con el Consorcio Herrera.

Pero era una oportunidad que había conseguido con su propio esfuerzo.

Y no quería perderla.

Con la voz tensa, se escuchó decir:

—No quiero ir al Consorcio Herrera.

Aarón no parecía sorprendido por su rechazo. Solo preguntó:

—Motivo.

—Ya me gradué —Belén hizo todo lo posible por parecer tranquila—. Puedo buscar un trabajo por mi cuenta para mantenerme.

—¿Tú le llamas mantenerte a ir a una empresa de pacotilla con apenas diez empleados?

Belén palideció:

—Ese es mi problema.

Capítulo 7 1

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