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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 272

Aunque en teoría Sofía había ido al aeropuerto para recoger a Antonio, al final terminó siendo acompañada de regreso a Villas del Monte Verde por los dos hermanos. Fue una despedida breve, y al día siguiente, apenas despuntaba el alba cuando Sofía se preparaba para ir al estudio y recibió un mensaje de Liam.

Al ver la notificación, Sofía alzó una ceja. Había pensado que la visita al orfanato tomaría algo más de tiempo en concretarse, pero al parecer Liam no perdía el tiempo. Ya que le había dado su palabra, no tenía cómo negarse, así que avisó a Teresa Bernal que ese día no pasaría por el estudio.

Considerando lo especial de la visita al orfanato, Sofía eligió con esmero su atuendo: un vestido largo y negro que delineaba su figura, acentuado por un cinturón blanco y una flor de camelia blanca en el pecho. Frente al espejo, dudó un momento, pero finalmente tomó una pequeña boina adornada con las mismas camelias y la acomodó con delicadeza. Con ese toque, parecía una modelo de las revistas inglesas de los años cincuenta, una mezcla de elegancia y serenidad poco común.

Al llegar a la puerta, se topó de frente con Santiago. Después de la tensa discusión de la noche anterior, el silencio entre ambos resultó aún más pesado. Sofía, con el ceño ligeramente fruncido, dio un paso adelante y abrió la puerta. Santiago no dijo ni una palabra, pero sus ojos, oscuros y profundos, no se apartaban de ella ni por un segundo.

Sofía evitó mirarlo, alzó la cabeza con indiferencia y subió al taxi que la esperaba. Santiago, que siempre se había mostrado decidido y enérgico, esta vez se quedó inmóvil, como si se hubiera convertido en una estatua. Sus ojos siguieron el carro hasta perderlo de vista, y el polvo que levantaron las llantas al irse parecía nublar su propia mirada.

Celos, dudas, sospechas... ¿Para quién se arreglaba así Sofía? Santiago apretó el puño junto a la pierna, sintiendo cómo el aire le pesaba en el pecho. No sabía bien qué estaba sintiendo, solo que una furia incontrolable le quemaba por dentro.

En ese momento, Isidora le llamó, impaciente.

—Santi, ¿dónde andas? —canturreó al teléfono.

Al ver la pantalla iluminada y escuchar esa voz dulce como el canto de un ave, Santiago solo sintió más irritación.

—Ya casi llego —respondió con sequedad, colgando de inmediato.

Isidora se quedó mirando el teléfono, desconcertada al escuchar el tono de llamada cortado. La actitud de Santiago era muy distinta a la del día anterior, y una vez más la inseguridad se le instaló en el pecho. Guardó el celular en su bolso y forzó una sonrisa.

—El presidente Cárdenas ya viene, mejor vamos adelantando.

La noche anterior apenas le habían avisado que hoy irían al orfanato. No esperaba que Santiago se moviera tan rápido, y aunque estaba emocionada, el ambiente la hizo dudar. Se mordió el labio, tratando de mantener la compostura con una sonrisa que era más para animarse a sí misma que para los demás.

...

Mientras tanto, Sofía llegó al punto de encuentro con Liam.

—¿Y Antón? —preguntó en cuanto lo vio.

Liam soltó una ligera risa.

—Ya sabes que no tiene paciencia y no le agradan mucho los niños.

—Sí, tienes razón —asintió Sofía, notando la familiaridad con la que Liam hablaba de Antonio. No pudo evitar observarlo con más atención.

—Vámonos —dijo Liam, invitándola a subir a su carro.

Apenas Sofía se acomodó en el asiento trasero, Liam le ofreció dos caramelos.

—Debes venir sin desayunar, ¿verdad? Se me pasó por completo.

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