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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 907

Mientras Flavia recordaba, su mano acarició inconscientemente la pulsera de oro que llevaba en la muñeca.

Quien le había dado el mensaje era un hombre de traje impecable; tenía un rostro tan común que ahora le costaba recordar sus rasgos. Lo único que no había olvidado era la seriedad con la que le había dado las instrucciones.

En aquel entonces, ella ya llevaba un tiempo en la cárcel. Su carácter agresivo y su fuerza bruta le habían ganado el título de la reina del pabellón, volviéndola altanera y temible. Cuando el hombre le habló, le contestó con arrogancia:

—¿Gente importante? ¿Qué tan importante? ¿Y qué saco yo de todo esto?

El hombre había fruncido el ceño, claramente sorprendido por su atrevimiento. Pero al ver la ambición en su rostro, soltó un detalle clave: el pez gordo pertenecía a la élite de Olivetto.

Y la cima de Olivetto, incluso para alguien como ella, que ignoraba por completo los negocios del mundo exterior, tenía un solo nombre: Cárdenas.

Al escuchar eso, a Flavia le brillaron los ojos. No hizo más preguntas; se golpeó el pecho y aseguró que el magnate quedaría más que satisfecho.

Si lograba complacer a alguien de ese nivel, las recompensas serían inimaginables.

Por eso, de toda la prisión, fue ella quien atacó a Sofía con mayor crueldad.

Sin embargo, al salir de la cárcel, no encontró la fortuna que le habían prometido, solo un fajo de billetes.

Aunque el fajo era grueso, estaba muy por debajo de sus expectativas. Indignada, amenazó con contarle a todo el mundo lo que le habían encargado hacer, pero el hombre ni se inmutó.

—¿Te atreves a meterte con el Grupo Cárdenas? —le había advertido con desprecio—. Piénsalo bien. Si hablas, no solo perderás este dinero, sino que no podrás volver a pisar Olivetto.

En ese instante, toda su rebeldía se esfumó.

Ese mismo día, usó el dinero para comprarse una gruesa pulsera de oro y regresó a su viejo y polvoriento apartamento.

Aunque se llamaba Colonia Crepúsculo, era básicamente un barrio bajo, la zona más miserable y caótica de Olivetto. Los edificios a medio terminar tapaban la luz del sol y escondían a sus habitantes del brillo moderno de la ciudad.

—Sofía, la verdad es que me da mucha curiosidad. Siendo el blanco de alguien tan poderoso, ¿cómo sigues viva y molestando?

Flavia había recuperado la compostura y su voz volvía a sonar desafiante.

Sofía frunció el ceño.

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