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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 909

La voz serena de Sofía sonó a través del teléfono; ligera como una nube inalcanzable, pero con un matiz de cansancio que encogía el corazón.

Flavia se quedó de una pieza. Nunca imaginó que el problema que la tenía al borde del pánico se resolvería tan rápido.

Aún sin atreverse a creerlo, no despegaba la vista de Flora.

Al notar que Sofía probablemente ya había deducido a quién se refería Flavia, Flora no vio motivos para quedarse. Sin embargo, antes de salir, le lanzó a la mujer una última mirada de advertencia.

Flavia se mordió el labio.

En sus días de prisión, Flora no era más que una guardia novata y despreciada. En aquel entonces, aunque Flora tenía el uniforme y Flavia era la convicta, esta última caminaba por los pabellones como la dueña del lugar, careciendo de todo excepto de libertad. Flora no podía hacerle nada e incluso tenía que negociar con ella.

Al encontrarse con un fantasma de ese pasado, Flavia aún conservaba un rastro de su antigua arrogancia en el fondo. Pero sabía muy bien que ya no estaba tras las rejas. Ahora no era más que una persona común y corriente, sobreviviendo miserablemente en un barrio bajo.

Se tragó su orgullo y resentimiento.

Flora le dio una última mirada penetrante y se marchó sin decir una palabra más.

De todos los posibles informantes, Sofía había elegido a Flavia a propósito. A pesar de ser, probablemente, el eslabón más problemático, la había escogido sin dudar.

Tras medio año observándola en prisión, Flora conocía muy bien la esencia de Sofía. Aunque al principio parecía tranquila, e incluso sumisa, en su interior siempre ardió una voluntad de hierro. Cuando se reencontraron tras su liberación, el cambio de Sofía la asombró, pero también la alegró.

Sofía se había vuelto distante, una coraza forjada tras haber sido traicionada. Y junto a esa frialdad, había nacido una determinación implacable de devolver cada golpe.

Flavia acababa de recibir el suyo.

Flora subió la ventanilla del auto, apartó la vista y aceleró.

En el fondo, le sorprendía que la gran jefa del pabellón penitenciario terminara viviendo en el peor hoyo de Olivetto. Ver a Flavia comparada con la Sofía de hoy, dejaba a cualquiera sin palabras.

Agradecía en silencio haber protegido a Sofía cuando tuvo la oportunidad.

El deportivo de líneas elegantes se alejó a toda velocidad, dejando un rugido atronador a su paso.

Frente a una vivienda destartalada, Flavia se quedó parada mirando hacia la calle, con los ojos llenos de miedo.

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