A diferencia de cómo se sentía frente a Sofía y Liam, ella sostuvo la mirada de Santiago con absoluta calma, sin mostrar ni una pizca de nerviosismo o alguna otra emoción.
Santiago, por su parte, tenía el entrecejo tan fruncido que parecía que se le había hecho un nudo en la frente.
La chica, sin embargo, ya se había dado la vuelta y se marchó por su cuenta, ignorándolo por completo.
Isidora observaba con cautela el gesto de fastidio en el rostro de Santiago. Aunque por dentro estaba algo contrariada, no pudo evitar sentir cierto orgullo.
—Sofía es una ingenua, —pensó Isidora con una sonrisita torcida—, querer llamar la atención de Santi con esas tonterías, sólo logró que él se molestara.
Una chispa de cálculo cruzó por sus ojos. Decidida a echar más leña al fuego, soltó en voz alta:
—Santi, la verdad es que Sofía sí que se pasa de impulsiva.
Santiago soltó una carcajada cargada de sarcasmo.
—¿Quién podría controlarla?
El tono estaba tan cargado de burla que casi cortaba el aire.
Isidora percibió el desprecio que Santiago sentía por Sofía y eso la hacía sentir aún más satisfecha. Lo que no notó fue ese matiz de frustración y celos apenas disfrazados en la voz de él.
...
Mientras tanto, Sofía y Liam ya iban en el carro.
Liam miró a Sofía con curiosidad.
—¿De dónde salió eso de querer adoptar a Ceci de repente?
Sofía apoyó la cabeza en la mano, con una sonrisa traviesa en los ojos.
—¿Y tú? —le respondió—. Tampoco entregaste tu donativo, ¿verdad?
Lanzó una mirada al cheque que Liam traía en la mano.
No era poca cosa, ese dinero podría servir para remodelar el orfanato entero o, al menos, mejorar mucho la comida de los niños.
Ambos se miraron y se rieron.
El menú de los niños era de lo más sencillo, por eso la mayoría se veía tan flaca. Mientras tanto, el director del lugar lucía tan gordo y satisfecho que era difícil no sospechar que el dinero de los donativos acababa en su propio plato.
—Voy a encargarme de que mi asistente cambie el efectivo por artículos y los entregue en la secundaria rural.
Liam lo dijo con una sonrisa tranquila, como si no le diera mayor importancia.
Sofía asintió, completamente de acuerdo.
—Llévame a este instituto, por favor.
Le pasó al chofer una dirección.
Su plan original era ir al taller por la mañana y ver a Marcos Gil en la tarde, pero terminó yendo al orfanato por insistencia de Liam.
Sofía bajó la vista a su reloj; la cita con Marcos ya estaba cerca.
—¿Instituto de Investigación Galileo? —repitió Liam, algo sorprendido.
Sofía le sostuvo la mirada.
—¿Lo conoces?
—Claro, —asintió él—. He oído que ese instituto llegó hace poco a Nueva Castilla, antes era uno de los mejores del extranjero. Pero parece que últimamente tienen problemas.
La miró con atención.
—¿Y tú cómo te enteraste de eso?
Después de todo, el diseño y la investigación científica no tenían nada que ver el uno con el otro.
Sofía encogió los hombros, dejando la respuesta en el aire.
—Digamos que tiene relación con eso que mencionaste.
Liam arqueó una ceja, intrigado.
Sofía sólo le sonrió. Justo en ese momento, el carro se detuvo frente a la entrada del instituto.



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