Justo en ese momento, el grupo de personas que había estado buscando en vano se volvió a reunir.
Adrián, fuera de sí por la rabia, les lanzó una buena reprimenda antes de subirse al Ferrari y largarse sin mirar atrás.
Solo entonces Marcos bajó la cortina de la ventana.
Antes de enfrentarse a Adrián en los tribunales, Marcos ya se había informado por todos los medios posibles sobre él, y estaba casi seguro de que se trataba de la misma persona.
Pero, ¿cómo era posible que Adrián apareciera por ahí?
Sabía bien que ese tipo solo se metía con los que consideraba más débiles, y se acobardaba ante los que veía fuertes.
La explicación más lógica era que, como perdió el juicio, ahora quería buscarle problemas a Sofía.
Sin embargo, Sofía seguía siendo la esposa del presidente de Grupo Cárdenas. Adrián no debería tener las agallas para atreverse a hacerle algo.
Los tres guardaron silencio. El ambiente en la habitación se volvió pesado, como si de pronto el aire se hiciera más denso.
—¿Me pueden llevar de regreso primero, por favor?
Sofía levantó la mirada y se dirigió a Marcos, rompiendo el silencio.
Ya llevaba bastante rato fuera de casa; y con todo este lío encima, había descuidado el tiempo con Bea. Hoy también la había dejado al cuidado de la niñera, pero no planeaba ausentarse toda la noche.
Marcos no dijo nada más, solo asintió con la cabeza.
—Cuídate al volver.
Maite, mordiéndose el labio, le susurró esa advertencia desde atrás.
Su voz era tan baja que casi se perdía en el aire, pero Sofía la escuchó claramente.
Giró la cabeza y le regaló una sonrisa resplandeciente.
—No te preocupes.
La sonrisa de Sofía parecía iluminar el modesto apartamento, como una joya brillante que destellaba hasta en medio de la pobreza.
Marcos desvió la mirada, con un brillo extraño en los ojos.
Percibiendo la urgencia de Sofía por regresar, Marcos manejó el carro al límite de la velocidad permitida.
Durante todo el trayecto, ninguno de los dos pronunció palabra.
Sofía aprovechó ese breve respiro para ponerse al día con las noticias de moda en su celular.
No había pasado ni un minuto cuando frunció el ceño al leer un titular.
Adrián estaba despotricando en redes sociales, incluso etiquetó al Tribunal Central Olivetto para manifestar su descontento con el fallo de primera instancia.
[Marcos llevó a Sofía como acompañante, ¡y resulta que el juez tenía muy buena relación con ella! El Instituto de Investigación Galileo nos robó la patente, y aun así perdimos el caso. ¡Qué injusticia para quienes nos dedicamos de corazón a la ciencia!]
Se pintaba a sí mismo como una víctima inocente, lo que atrajo de inmediato a una multitud de curiosos. Los comentarios no tardaron en llenarse de gente apoyándolo y criticando a Sofía.
[¿No que hace poco habías ido a Grupo Cárdenas a buscarle bronca a Isidora? ¿Ahora resulta que todo es culpa de Sofía?]
Incluso quienes no lo soportaban aprovecharon la ocasión para lanzarle indirectas y burlas.
Adrián, con la vista encendida de furia, repasó mentalmente a todos los que le llevaban la contraria.
Pero al fin y al cabo, en redes sociales cada quien tenía su propio papel que interpretar.
Así que escribió:
[¡Grupo Cárdenas ya se metió en esto! ¡La señorita Isidora fue perjudicada por culpa de Sofía! Sofía se coludió con el juez y ni siquiera le importó el prestigio de su propia hermana, ¡qué vergüenza!]
Esa mención a Grupo Cárdenas encendió los ánimos en redes.


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