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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 298

¿Cómo podría ser Santiago?

¿Cómo es posible que fuera Santiago?

Las manos de Isidora temblaban sin control, mientras en su cabeza resonaba la voz provocadora de Rafael.

—Isidora, siempre te la pasas hablando de lo bien que te trata Santiago, pero apenas aparece Sofía, él ya no te presta ni media atención.

—Comparada con Sofía, tú saliste perdiendo. Es más, ni siquiera eres digna de que te comparen con ella.

—¡Cállate!

Del otro lado se escucharon golpes y el estrépito de objetos lanzados al piso. Rafael, en cambio, soltó una risa profunda, una carcajada oscura que parecía girar en el aire como un mal augurio sobre la cabeza de Isidora.

Para ella, "perder ante Sofía" era una tormenta que arrasaba con cada pizca de orgullo que le quedaba.

—Tuu... tuu...

La llamada se cortó de golpe.

Las palabras de Rafael seguían titilando en la pantalla brillante del celular, como una bofetada invisible que le ardía en la cara.

—¿Sofía? ¿Cómo es posible que yo no esté a la altura de Sofía?

Isidora apretó el celular con tanta fuerza que sus uñas puntiagudas le abrieron surcos rojos en la palma.

Desde que la recibieron en la familia Rojas, siempre había estado por encima de Sofía. Su madre la prefería, la consentía más que a nadie. ¿Cómo podía perder ante Sofía?

Mordió el labio, alzó la mirada con rabia y frustración.

En ese momento, la luna llena se escondió tras una nube, igual que su ánimo, encerrado en la penumbra.

...

Rafael, tras colgar, dejó de sonreír. El gesto en sus labios se volvió duro, cargado de una frialdad que cortaba el aire.

Entrecerró los ojos y miró el celular apagado en su mano.

No es que disfrutara hundir a Isidora solo para sentirse mejor. Más bien, sabía perfectamente cuál era su punto débil y necesitaba darle una sacudida que la hiciera reaccionar.

Ya habían pasado dos o tres meses desde que Sofía salió de prisión.

Pero Sofía lo rechazaba. Había intentado verla un par de veces, sin ningún resultado. Solo podía seguirle el rastro a través de otros medios, enterándose de lo que hacía y con quién estaba.

Cada vez había más gente cerca de Sofía...

Rafael apretó los dedos, la mirada se le ensombreció aún más.

Al principio pensó que, después de que Santiago la malinterpretara y ella terminara en la cárcel, todo se arreglaría apenas saliera libre. Él ya tenía su lugar asegurado en Santa Fe, podría llevársela y empezar la vida con la que siempre soñó.

Nunca imaginó que ella llegaría a odiarlo con tanta fuerza.

Rafael apagó el cigarro contra el cenicero de cristal, aplastándolo con rabia.

Ya no podía arriesgarse a provocar el enojo de Sofía. Por eso, Isidora se había convertido en la mejor aliada para sus planes.

Se quitó los lentes de marco dorado, presionando suavemente el borde con los dedos.

Fastidiado, los arrojó a un lado.

La luz del estudio se apagó al mismo tiempo.

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