La mirada de Sofía era tan intensa como el filo de un machete.
Maite y Esther intercambiaron una mirada silenciosa, y sus ojos se tiñeron de preocupación.
—Sofía, sabemos todo lo que pasaste. Y de verdad nos alegra que hayas podido salir adelante, dejar atrás esa historia —Maite apretó los labios, como si dudara en seguir hablando, pero al final se animó—. Pero tampoco queremos verte viviendo solo para vengarte. Ahora tienes a Bea, una hija preciosa. Para ti, la vida nueva y todo lo bueno que tienes pesa más que el dolor del pasado. Si quieres que la familia Rojas y Leonor paguen, te vamos a apoyar, pero por favor, no te dejes arrastrar por los pensamientos negativos.
Soltó todo eso de corrido, sin parpadear siquiera.
Esther se rascó la cabeza, incómoda.
No pudo evitar levantar la mirada para observar la expresión de Sofía, y de reojo, cruzó otra mirada de complicidad con Maite.
Aunque siempre se jactaba de ser desinhibida, en el fondo, su sensibilidad de artista la hacía captar lo que otros no notaban. Últimamente, Sofía le parecía como una estratega en plena guerra, trazando un plan tras otro solo para destruir a la familia Rojas y a Leonor.
—Maite tiene razón, nos preocupas mucho —aventó Esther con voz suave.
Sofía alzó la mirada y se topó de frente con los ojos llenos de inquietud de ambas.
Fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo sombría que se había vuelto su actitud.
Se quedó un instante ida, mientras un torbellino de recuerdos le cruzaba por la cabeza.
El momento en que Isidora y Rafael la traicionaron, fabricando pruebas para meterla a la cárcel.
La muerte súbita de su abuela, poco después de su encierro, y ni siquiera pudo despedirse de ella.
Todos esos años en la familia Rojas, donde no fue más que una presencia incómoda y despreciada.
...
Sofía apretó los labios hasta que los dientes le marcaron la piel, el dolor la ayudó a volver a la realidad.
—No se preocupen, no voy a dejar que el rencor me nuble el juicio —forzó una sonrisa, intentando restarle importancia.
Aun así, el ambiente en la oficina siguió cargado de tensión.
Maite suspiró por dentro, pero como Sofía lo había dicho tan firme, prefirió no insistir.
—Veo que vas a seguir jugando el juego con la familia Rojas por un rato, así que la investigación puede esperar. Mejor vámonos temprano hoy, así puedes ir a casa y pasar más tiempo con Bea.
Maite se puso de pie y, antes de salir, se volteó para mirar a Sofía.
Sofía entendió el mensaje y le devolvió una sonrisa, asintiendo.
Esther, que nunca soportó los ambientes opresivos, salió tras Maite.
...
Apenas la puerta se cerró, alguien llamó de nuevo desde afuera.
—Adelante —dijo Sofía, levantando la vista mientras acomodaba los papeles que Maite había dejado sobre el escritorio.
Alfonso entró con el cabello algo alborotado, como quien viene de recorrer media ciudad a toda prisa.
En cuanto vio a Sofía, notó la arruga en su entrecejo.
—¿Y esa cara, Sofía?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Valiente Renacer de una Madre Soltera