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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 565

Alfonso abrió los ojos como platos, con una expresión tan lastimera que hasta parpadeó varias veces mientras miraba a Sofía, como si suplicara piedad.

Pero al encontrarse con la mirada desafiante de ella, con esa ceja alzada y la seguridad de quien no acepta réplicas, Alfonso se rindió en un instante.

—Ya no digo nada…

—Y aun así tienes que subir. Acabas de salir del hospital, así que mejor descansa un par de días.

Sofía no dejaba lugar a discusión; su mirada era más firme que una muralla.

Le hizo una seña a Teresa con los ojos.

—Teresa, llévatelo. Bea se queda conmigo.

La señora Rojas extendió las manos para recibir a Bea, envuelta en su manta. En cuanto la tuvo cerca, el aroma suave y reconfortante de la bebé la envolvió. Era un olor tan tierno que el corazón casi se le derretía.

Bea la miraba parpadeando, tan adorable que cualquiera se derretiría.

Teresa se acercó y le hizo una señal a Alfonso.

—Señor Castillo, sígame por favor.

Alfonso, ante la mirada vigilante de Sofía, no tuvo más remedio que obedecer a pesar de su evidente disgusto, y subió las escaleras cabizbajo.

Cuando su silueta desapareció al fin, las tres mujeres se miraron, y como si se hubieran puesto de acuerdo, cambiaron de tema sin decir palabra.

...

Hospital privado del Grupo Cárdenas.

—Mamá… ¿no dijiste que me ayudarías a que me aceptaran? ¿Por qué el tío abuelo, la tía abuela y la tía, todos ellos, parecen que no me soportan?

Isidora se acurrucaba en el regazo de Ivana, mientras las lágrimas rodaban sin parar por sus mejillas.

Ivana, incapaz de ver sufrir a su hija, le limpió las lágrimas con la mano.

—Ellos solo están engañados por Sofía y no conocen lo buena que eres.

La abrazó y trató de consolarla con suavidad.

—Mamá, ¿entonces ya no hay forma de que la familia Santana me acepte? —preguntó Isidora, alzando la cabeza, con una expresión tan dolida que partía el alma.

Ivana, aunque algo inquieta por la situación, suavizó el tono y le acarició la espalda para calmarla.

—¿Cómo crees? El tío abuelo y la tía abuela, todos ellos parecen duros, pero en el fondo tienen buen corazón. Mira, cuando obligaron a mamá a alejarse de la familia Santana, igual terminaron viniendo a verme ahora, ¿no? Contigo será igual. Solo tienes que darles tiempo.

Le dio unas palmaditas en el hombro, como para espantar las penas.

Isidora, al escucharla, pareció animarse un poco, aunque las lágrimas seguían marcando sus mejillas.

—¿De veras?

—Por supuesto. ¿Cuándo te he mentido yo?

Capítulo 565 1

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