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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 584

Oliver forzaba una sonrisa, moviendo apenas los ojos para indicarle discretamente a Ivana que se callara.

Pero ella, en vez de hacerle caso, lo miraba con los ojos muy abiertos, como si la hubiera traicionado de la peor manera.

—Tú me dijiste claramente que…

—Eso fue antes. Ahora, ¿no ves que Grupo Rojas ya cambió de manos? Esas acciones que tengo ya las pude vender en parte. Además, esto fue lo que junté vendiendo algunas cosas de la casa hace poco —la interrumpió Oliver, intentando sonar comprensivo y calmarla con la mejor cara de buen tipo.

Pero Ivana ni de broma estaba lista para perdonarlo tan fácil.

Isidora notó que la cosa se estaba poniendo fea y de inmediato intervino:

—Mamá, de verdad, papá no te está engañando. Aquello de vender cosas fue porque no quedaba de otra, ya después, cuando la familia estuvo un poco mejor, te compró varias cosas nuevas, ¿o no?

La tomó del brazo, agitándolo suavemente, tratando de que Ivana la entendiera.

Ivana seguía mordiéndose los labios, con una mezcla de dudas y frustración en la mirada.

Fue Oliver quien le había dicho que la familia ya no aguantaba más, que incluso tendrían que vender la casa donde vivían. Por eso ella había terminado perdonándole que vendiera su ropa y sus joyas, algunas de las cuales había traído de la familia Santana, piezas antiguas con muchos años de historia.

Cuando Oliver estuvo viviendo fuera, Isidora iba a verla un rato cada día, pero solo era eso: un rato. El resto del tiempo, Ivana lo pasaba sola en la villa de los Castillo, sin rumbo, a veces sacaba sus vestidos y joyas para mirarlos, como único consuelo.

Cuando descubrió que Oliver había vendido sus cosas, sintió una rabia tremenda.

Pero tras escuchar sus explicaciones sobre la crisis familiar, terminó resignándose y no lo enfrentó.

Ahora, ¿cómo era posible que él, de repente, se pusiera tan generoso y gastara ochocientos mil pesos para remodelar la recámara de Sofía?

Ivana no lo entendía, y en el fondo, le hervía la sangre.

Eso sí, las palabras de Isidora lograron apaciguarla un poco.

Pero el disgusto seguía ahí, y su expresión no podía ocultarlo.

El ambiente a su alrededor se había vuelto incómodo y tenso.

—Estoy cansada —dijo Ivana, sintiendo que la cabeza le iba a estallar. Se frotó las sienes con los dedos, tratando de calmar el dolor.

Apenas terminó de hablar, Oliver suspiró aliviado, como si le hubieran quitado un peso de encima, y le ordenó a Isidora:

—Isi, mejor lleva a tu mamá de regreso.

Isidora, aunque le dolía dejar a Alfonso ahí, sabía que la situación lo ameritaba.

Asintió y, tomando el brazo de su madre, se despidió:

—Nos vamos de una vez.

Apenas habían salido unos pasos, Isidora se detuvo.

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