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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 735

Ese estruendo captó de inmediato la atención de todos en la sala.

Isidora se quedó paralizada por un segundo y, al instante siguiente, las lágrimas comenzaron a brotarle sin control.

—¡Papá!

Su voz sonó desgarradora mientras corría hacia Oliver y se aferraba a su brazo.

—Papá...

Sollozaba, como si hubiera sufrido todas las injusticias del mundo en ese lugar.

El rostro de Oliver reflejaba furia; solo al cruzar la mirada con los Santana se contuvo un poco.

Isidora, sintiéndose por fin respaldada, extendió un dedo tembloroso para señalar a Sofía, con la intención de acusarla, aunque el miedo la mantenía en silencio.

—Tienes que ayudarme...

Su llanto era bajo, casi un susurro, pero en un abrir y cerrar de ojos, un bofetón con toda la fuerza la hizo girar la cara.

—¡Paf!—

El sonido seco y contundente retumbó en la sala, dejando a todos boquiabiertos.

Isidora, sujetándose la cara, cayó al suelo sin previo aviso.

—¡Eres una hija adoptiva! ¡Te hemos consentido demasiado!

La voz de Oliver tronó como un rayo. Isidora sintió que el corazón le temblaba y la palma de la mano se le llenó de sudor frío.

Atónita, levantó la mirada y vio el rostro de Oliver encendido de enojo, y supo que ese enojo era para ella.

Sofía arqueó una ceja, sorprendida al principio, pero enseguida recuperó la calma.

Conociendo a Oliver, ese tipo de reacciones eran de lo más normal en él.

Isidora quedó casi tendida en el suelo, temblando de pies a cabeza.

Su mano subió lentamente de la barbilla a la mejilla, entre la incredulidad y la amargura.

Hija adoptiva...

—Ya me contaron lo que pasó hoy. Pídele disculpas a Sofía, y también a la tía abuela y al tío abuelo.

Oliver la empujó con fuerza desde atrás.

Isidora sintió como si le rompieran los huesos de la espalda, pero la autoridad de Oliver la obligó a bajar la cabeza.

Al ver que Isidora seguía sin hablar, a Oliver se le notó la impaciencia en la mirada. De repente, le dio una patada en la pierna como advertencia. Luego, con una sonrisa forzada, se inclinó hacia Montserrat:

—Matriarca, desde que adoptamos a Isi, Ivana y yo siempre la hemos protegido, pensando en su historia, y creo que la hemos consentido demasiado, por eso ahora se comporta de esta manera tan grosera.

Montserrat ni se inmutó, lo que hizo que el gesto de Oliver se congelara por un momento, aunque enseguida se aclaró la garganta y volvió a lo suyo.

—¡Isidora!

Gruñó mientras fruncía el ceño, con la mirada llena de disgusto.

Isidora seguía en el suelo, su cabello desparramado sobre los azulejos, el rostro cubierto de lágrimas.

—Perdón, me equivoqué.

La voz le salió apagada y entrecortada por el llanto.

—¡Más fuerte! ¿Así te he enseñado a pedir perdón?

Oliver le propinó otra patada, e Isidora no pudo sostenerse más con los brazos y terminó desplomándose por completo.

—Un momento, ¿cómo entraste aquí?

Sofía frunció el ceño de repente, llevándose la mano a la barbilla mientras miraba fijo a Oliver.

El rostro de Oliver se tensó. Una sensación de alarma le recorrió el cuerpo.

—¿Q-qué?

El semblante de Sofía cambió de golpe, alzando la voz:

—¿No dejé claro que ni Isidora ni Oliver, o cualquier persona ajena a la empresa, puede entrar aquí sin permiso? ¡Menos aún a la oficina de la dirección!

De pronto, se puso de pie y dio un golpe en el escritorio.

—¿Dónde está Virginia?

Apenas terminó de hablar, Virginia llegó corriendo, sudando a mares, seguida de varios guardias de seguridad recién contratados.

—Presidenta Rojas, fue mi error. Ahora mismo los saco de aquí.

De inmediato les indicó a los guardias lo que debían hacer.

Un grupo de ellos se acercó y sujetó a Oliver y a Isidora por los hombros.

Oliver, pálido, se quedó sin habla.

—¿Qué están haciendo?

—Presidente Rojas... no, señor Rojas, entró sin permiso a la oficina principal. Por favor coopere.

El guardia más alto le gritó al oído, casi perforándole el tímpano.

Antes de que pudiera reaccionar, ya lo estaban empujando hacia la puerta sin darle oportunidad de defenderse.

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